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Miércoles, 1 de junio de 2011

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Autores s. xx

Homenaje a Paulo Rónai

Por Ricardo Bada

En el prefacio de una antología del cuento húngaro, publicada en Brasil, Guimarães Rosa escribió estas palabras: «Su autor —el brasileño Paulo Rónai— es húngaro, de nacimiento y de primera nacionalidad». Creo que es muy difícil superar esa caracterización del gran Rónai, uno de los mejores traductores y teóricos de la traducción que se han dado en este mundo. Nacido en Budapest en 1907, emigrado al Brasil en 1941, y nacionalizado allá en 1945. Si le dedico este homenaje es por creerlo injustamente desconocido en el ámbito del español.

Una de mis relecturas predilectas es A Tradução Vivida, un libro que contiene una serie de conferencias pronunciadas por él en las Alianzas Francesas de Río de Janeiro, São Paulo y Porto Alegre, en 1975, y su índice es de aquellos que les alargan los dientes a quienes nos dedicamos al tema: Definiciones de la traducción y del traductor; Ardides para traducir; Los límites de la traducción; Usos y abusos de la traducción; Las falacias de la traducción; El desafío de la traducción poética; Suma y sigue (que son rememoraciones personales de su vida como traductor); y La Operación Balzac, donde documenta su mayor hazaña, traducir al portugués los diecisiete tomos de La comedia humana.

Me parece un libro súper interesante y en cuyas relecturas siempre aprendo cosas nuevas, ese lugar común que en este caso es certeza inusual. Y pienso que la mejor manera de rendirle homenaje es traducir una de sus páginas de más penetración psicológica y finura de análisis. Hela aquí:

En el segundo acto de El enfermo imaginario, de Molière, hay una escena de alta comicidad, donde el joven médico Thomas Diafoirus es presentado en casa de Argán, que quiere darle por esposa a su hija Angélica, para tener un médico siempre a mano. Empero el joven facultativo se revela como un perfecto imbécil, que papagayea frases hechas. Al estar delante de Béline, la esposa de Argán en segundas nupcias, comienza a recitar un piropo que no logra terminar: Madame, c’est avec justice que le Ciel vous a concédé le nom de belle-mère, puisque l’on voit sur votre visage… y se atranca. Es fácil adivinar que la frase terminaría más o menos así: tous les signes de la beauté.

En una traducción reciente, por lo demás muy buena en líneas generales, este parlamento fue traducido así: «Madame, es con justicia que el Cielo le concedió el nombre de suegra, pues…»

Quien conozca el enredo de la obra notará, en primer lugar, que en el parlamento en cuestión, belle-mère no corresponde a «suegra» sino a «madrastra», Angélica todavía no está casada. Acontece, sin embargo, que ni siquiera tendría sentido la traducción usando el término «madrastra».

En efecto, ni en la palabra «suegra» ni en la palabra «madrastra» cabe encontrar en portugués un matiz simpático: peor aún, ambas tienen connotación peyorativa. Pero, siendo así, decir que el Cielo concedió con justicia ese nombre a Béline, deja de ser un piropo.

En francés, por el contrario, el término que expresa ambas nociones es belle-mère, al que se puede asociar una idea de belleza. Es un retruécano barato y simplón, sin duda, pero es un piropo. El traductor lo sintió, pero en ese momento no encontró otra salida sino cortar varias palabras del final.

Evidentemente es preciso sacrificar el retruécano. Pero ¿qué poner en su lugar?

El expediente recomendable es olvidar el original e imaginar que estamos en el lugar del joven Diafoirus y acabamos de ser presentados a la madrastra de nuestra futura novia. ¿Qué es lo más agradable que le diríamos? Alguna cosa así: «¿Es la madrastra de Angélica?  Pues más bien parece su hermana…» Lo cual, si no es tan simple como el texto, por lo menos alcanza a ser banal. Sólo una traducción así expresaría el pensamiento de Molière como si hubiese sido concebido por primera vez en portugués.

Hasta aquí la traducción de esta página magistral, y no quisiera cerrar mi homenaje a Paulo Rónai sin citar unas palabras suyas que todo traductor debería tener siempre muy presentes:

Si usted quiere traducir un libro de Geología, del húngaro al portugués, usted tiene que saber húngaro y usted tiene que saber portugués. Pero sobre todo usted tiene que saber de Geología.

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