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Martes, 29 de junio de 2010

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La traducción chino-español en el siglo xx: Marcela de Juan, los relatos (3)

Por Gabriel García-Noblejas

Marcela de Juan, en sus traducciones de prosa, siempre evitó abrumar al lector con notas a pie de página a lo largo de la traducción, no porque las dificultades culturales que los lectores iban a tener para comprender le resultan baladíes, sino, probablemente, porque creyó que sería necesario poner demasiadas notas, ya que —como ella misma escribe— en los relatos que vierte al español, «cada frase encierra una serie de imágenes y alusiones que sería punto menos que imposible explicar literalmente al lector extranjero»1, entendiendo «lector extranjero» al hispanohablante, claro está. Ante tal cuestión, Marcela de Juan fue parca en notas a pie de página y prefirió incluir en la propia traducción alguna que otra coletilla inexistente en el original que serviría al lector para comprender mejor esas «imágenes y alusiones» que no captaría el lector extranjero de por sí. Pongamos un ejemplo. El relato «Locha haishi / El país de Lo Ch’a y el mercado del mar», que tradujo en Cuentos chinos de tradición antigua, arranca con la descripción de un joven llamado Ma a quien su padre, un anciano hombre de negocios, trata de convencer de que abandone los libros y siga sus pasos. El hijo acepta. En el original, el padre dice:

—[...] Tú, hijo, bien podrías heredar los negocios de tu padre.

 Y, en consecuencia, Ma comenzó a dedicarse a los negocios.

Marcela de Juan entendió que el lector de la traducción podría atribuir la tan voluntaria y rápida avenencia del hijo a alguna causa errónea y decidió interpolar unas palabras —que subrayamos— para evitar el equívoco:

Como Ma era hijo obediente, según mandan los ritos, se ocupó de allí en delante de los pesos y medidas, del capital y los intereses y demás cosas de esta índole.2

Marcela de Juan quiso asegurarse de que el lector comprendía que el hijo abandonaba sus aspiraciones artísticas a favor de los deseos de su padre porque así debía ser, porque así lo exigían las normas sociales de la época: los ritos. Por lo demás, es la causa a la que cualquier lector chino habría atribuido, sin necesidad de que el autor se lo escribiera, la sumisa actitud del hijo.

En este y otros muchos casos podemos ver cómo preocupaba a la traductora el tan conocido problema de las referencias culturales en la traducción y cómo resolvió esta traba por medio de, diríamos, «la aclaración subrepticia», es decir, añadiendo algo en la traducción como si estuviera escrito en el original de modo que lo implícito se hiciera explícito a ojos del lector hispanohablante.

Por otra parte, la prosa de Marcela de Juan presenta una rica variedad de registros; unas veces se nos muestra comedida y clásica; otras, rebosa oralidad. Su estilo trataba de reflejar (y, de hecho, lo conseguía) el estilo del original. Por ejemplo: algunos de los textos que tradujo estaban considerados cuentos que se contaban de viva voz en las casas de té siglos atrás, así que la traductora los tradujo con una ligereza y un estilo propios de quien está hablando. Cuando uno comienza a leer «Amor fraternal», por ejemplo, tiene la sensación de que no está solo ante una página, sino entre el público ante un cuentacuentos:

El relato que les vamos a contar acaecía en los tiempos de la dinastía Chu....

El tercer gran acierto de Marcela de Juan en sus versiones de prosa fue la elección de los relatos. Tradujo relatos de la dinastía Tang, los llamados chuanqi, que dan origen en China a la literatura, están caracterizados por una prosa clásica muy hermosa pero sin aspavientos y fueron escritos por letrados concretos; también nos dio muestras de los cuentos orales que se recopilaron durante las dinastía Song y Ming, y, en fin, de los de raigambre popular pero escritos en un chino de ecos clásicos obra de un autor que fascinó tanto a Borges que éste lo tradujo del inglés: Pu Songling. Por si fuera poco, la traductora nos dejó una deliciosa antología de relatos clásicos de tema humorístico, muy original en su concepción.

En resumen, Marcela de Juan permitió a sus lectores hacerse una idea tan variada como profunda de la literatura en prosa de la China antigua.

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  • (1) «Nota preliminar», Cuentos chinos de tradición antigua, Espasa Calpe, Buenos Aires, 1948, pp. 10-11. volver
  • (2) Cuentos chinos de tradición antigua, Espasa Calpe, Buenos Aires, 1948, p. 39. volver
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