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Lunes, 21 de junio de 2010

El Trujamán. Revista diaria de traducción

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Traductología

Jergas

Por Mariano Antolín Rato

Por motivos fáciles de explicar —mi currículum en lo que se refiere a vida, publicaciones, novelas y trabajos como traductor está a disposición de quien quiera—, suelen encargarme con bastante frecuencia que haga la versión castellana de narraciones, largas y cortas, que contienen muchas expresiones jergales. Y en especial si éstas pertenecen al mundillo de la droga, a los ambientes carcelarios o a la industria del rock; básicamente estadounidenses. (A propósito, la traducción de americans siempre me resulta complicada. Utilizar «estadounidenses», como acabo de hacer y recomiendan y ponen los correctores de las editoriales quizá con buen criterio, siempre me suena a rebuscado. Y es que en España resulta frecuente llamar  «americanos» a los procedentes de Estados Unidos —véase, entre los numerosísimos ejemplos posibles, el de la película Bienvenido, Mister Marshall, de Berlanga, 1952—. Aunque no dejo de tener en cuenta que, en ciertas zonas de mi Asturias natal eran «americanos», y no «indianos», los emigrantes que habían regresado de México o Cuba con dinero suficiente para construirse una casona con la imprescindible palmera fénix delante en la que vivir desahogadamente los años que les quedaban.)

En fin, que he traducido y sigo haciéndolo narraciones donde abunda el slang —como dicen los americans. (Otro inciso: En determinados contextos considero bastante adecuado verter America, sin acento gráfico, por «América», con él. En contra de las justas opiniones de los americanos del centro y del sur —los cuales viven en The Americas para los del norte que no sean canadienses (éstos, con todo derecho, encuentran restrictivo el uso de «norteamericanos» para referirse sólo a sus vecinos americans del sur)—, si uno trata de subrayar el colonialismo explícito o implícito en un texto obra de los gringos —término de uso poco frecuente en España—, me parece precisa la discutida utilización de «americanos».

Y tratando de evitar más incisos al cuadrado o al cubo, me refiero a las dudas que surgen a la hora de traducir ese tipo de jergas. No es raro, que además de en un espacio concreto se encuentren en un tiempo, en una época precisa. Es más, incluso llegan a referirse a prácticas todavía no extendidas en España. Al respecto de este último caso, recuerdo que la traducción de junkie, por yonqui, en la novela del mismo título de William Burroughs, que posteriormente se editó con el de Yonky, le supuso bastantes quebraderos de cabeza a Martín Lendínez. Hasta entonces en esta provincia del Imperio sólo habían existido «morfinómanos». Pero esta palabra sugería unas personas muy distintas a las que implicaba el junkie estadounidense. Así que Martín Lendínez —uno de los nomme de plume de quien firma esto—, se atrevió a castellanizarlo como «yonqui». Aunque sólo fino a un certo punto, pues en la cubierta de la novela aparecía Yonqui, y debajo, entre comillas como ahora: «Junkie». El término luego se ha extendido, más bien para desgracia, y es el utilizado normalmente. Sin embargo, debo señalar que la traducción de shoot y fix, por «fije», que también se proponía allí, ha quedado desplazada por «chute». Caso que se dio en otras opciones, de las que casi podría decirse, lo mismo que de la capacidad anticipatoria de la ciencia ficción —¿fantaciencia? ¿literatura conjetural, como propuso Borges?—. Los autores de ciencia ficción aciertan en sus predicciones igual que un reloj parado, que da la hora exacta dos veces al día.

Al contar las palabras con el «Herramientas» del ordenador —¿computadora para evitar la influencia francesa y caer en la inglesa?—, veo que sólo me queda espacio para añadir que la próxima vez me ocuparé sin tanto rodeo de la traducción de jergas.

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