|
Me ha dado un yuyu
Por Manuel Sevilla Muñoz y Julia Sevilla Muñoz
Las películas clásicas de Tarzán de la selva, rey de los monos, comenzaban con una expedición a través de la jungla, en la que una hilera de porteadores nativos iba precedida por un pequeño grupo de aventureros estadounidenses y europeos y una aventurera, todos ellos perfectamente ataviados para la ocasión, con su salacot y todo, como mandaban los cánones de la época. Estos practicantes del turismo de aventura de entonces se veían rodeados repentinamente por un nutrido grupo de feroces guerreros de mirada amenazante. En ese momento de dramatismo extremo, en el que nadie daba un duro (un céntimo de hoy en día) por los participantes en el safari, aparecía Tarzán, como caído del cielo, y ante su presencia, a los feroces guerreros que lanza en ristre se disponían a dar el salto definitivo sobre sus desamparadas presas se les encogía el cuerpo y el alma, mientras murmuraban un incomprensible «yuyu, yuyu...».
Yuyu es incomprensible para los hispanohablantes, si bien los angloparlantes no deberían tener ningún problema en comprender el significado de juju, voz inglesa cuyo origen etimológico está en las lenguas del oeste de África emparentadas con el hausa. Un juju es un fetiche, hechizo o amuleto de estos pueblos y, por extensión, la magia asociada o atribuida a los jujus. De este modo, cuando los nativos, presas del pánico, repetían juju, juju, bien podrían estar diciendo «brujería, brujería». ¡Qué diferencia! ¿Verdad? Si los dobladores hubieran traducido esta expresión, la película habría perdido precisamente parte de su magia.
Pero la magia del juju salta de la pantalla y esta expresión se incorpora al lenguaje coloquial español como un préstamo con adaptación de la grafía en dos variantes: yuyu, la más popular, y yu-yu, para los más sofisticados. Con esta palabra se pretende representar el estado de profunda congoja en la que se sumían los otrora feroces y ahora lastimeros guerreros. Así, empleamos yuyu para nombrar algo terrible, aunque aportando un toque de humor: «Sí que me ha dado un yuyu de los malos, de esos de ¿me corto las venas o me las dejo largas?»; «supongo que le ha dado un yuyu al router y ha perdido la configuración»; «aunque dé mucho yuyu llevar esas cosas colgadas al cuello, hay gente que gusta de llamar la atención con una vértebra engarzada en oro»; «lo del avión ladeado me ha dado mucho yuyu»; etc.
En definitiva, una palabra no doblada, aparentemente ficticia, pero que resulta ser una voz inglesa, si bien de origen africano, se incorpora al lenguaje coloquial español, aunque no con su significado original, totalmente desconocido para los espectadores, sino como representación de un sentimiento de pesar intenso en una situación que da pie a la risa.
|