Historia
Por Gabriel García-Noblejas
El último de los aspectos que desearíamos comentar de la traducción, ahora sólo del Tao Te Ching (no la del Chuang Tse), es el de la traducción de los conceptos. En primer lugar, hay que mencionar que una buena cantidad de los conceptos principales del libro se quedan como estaban, es decir, en chino, transliterados; nos estamos refiriendo a los conceptos de Tao y de Te; a veces, sin embargo, los conceptos chinos así mantenidos van acompañados de una traducción al español. Ejemplos: Te (Virtud) o «Quien guarde este Tao (esta sabiduría) no deseará llenarse (de cosas), y sin llenarse podrá seguir con lo viejo sin renovarlo» (Texto 15).
En segundo lugar, hay que recordar que algunos de los conceptos están traducidos desde un punto de vista eminentemente ecuménico que parte de la identificación, hecha por el padre Elorduy, entre el Tao y la divinidad o, como él mismo dice, con el Ser Supremo.1 Sintonizan con esta concepción la traducción, decimos, de algunos conceptos y versos, como el siguiente:
16. El vacío, sólida quietud. La perennidad, divino tesoro.
a) Llegar al vacío extremo es conservar la quietud verdadera.
b) Los seres todos están conjuntamente hechos por Él y los vemos volver a Él. […]
Es en la utilización del término «Él», con mayúsculas, que hace alusión a un Dios superior y creador, donde vemos la peculiaridad de la traducción del padre Elorduy. El fragmento, en chino, no hace ninguna alusión, ni explícita ni implícita, a ningún concepto semejante al de «Él = Dios, divinidad única». Tal asunción es perfectamente lógica si se piensa, como hacía el padre Elorduy, que el Tao es un concepto semejante al de Dios en bastantes lugares de la obra, aunque no en todos.
En la traducción de muchos otros conceptos, sin embargo, no se percibe tal sesgo ideológico marcado por el ecumenismo (por lo demás, toda traducción, sea consciente o no el traductor de ello, está marcada, cargada de algún tipo de ideología), como es el caso de otro de los conceptos claves del libro, que es el de wu, que Elorduy traduce por «no ser», lo opuesto al «ser».
Otros conceptos están traducidos por medio de términos propios de la filosofía griega, como es el caso del concepto de qi (que significa algo así como «aire», «soplo vital»), que el padre Elorduy traduce por «neuma (tu materia corpórea)». O el concepto de ren (que otros han traducido por humanitas, solidaridad, respeto mutuo, amor), que éste traslada por «amor».
En conclusión, la traducción que hiciera el padre Carmelo Elorduy de los dos grandes clásicos del taoísmo es fiel reflejo de la intención del traductor de transmitir ideas, contenidos, más que formas poéticas, y permitió al lector hispanohablante, por fin, leer en su propia lengua una traducción pionera, ardua como pocas y reflejo de su tiempo y de la mentalidad de un traductor filósofo.
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