Ciencia y técnica
Por Marcos Cánovas
No existen aún traducciones automáticas que tengan fiabilidad total, es decir, que no precisen cierto grado de postedición humana para tener un nivel de calidad suficiente y asegurado.
La única excepción vendría dada por textos totalmente controlados formados por una serie limitada de frases que tuvieran correspondencias preestablecidas en la lengua meta. Por ejemplo, un conjunto de expresiones destinadas a configurar partes meteorológicos podría tener equivalencias previamente establecidas en diversas lenguas, de manera que un parte meteorológico elaborado a partir de un número determinado de expresiones encontraría segmentos equivalentes en aquellas lenguas en que estas equivalencias se hubieran establecido. Pero este tipo de traducción no tiene que lidiar con el fondo del problema de la traducción automática, es decir, cómo gestionar de forma satisfactoria la capacidad que tiene la lengua para generar un número infinito de expresiones y significados. Las equivalencias morfológicas y sintácticas o la interpretación adecuada de los diversos sentidos de las palabras, por no mencionar el uso figurado del lenguaje, son aspectos que la traducción automática no siempre resuelve de manera conveniente.
Sin embargo, dependiendo de lo que se requiera, una traducción automática, aun imperfecta, puede ser suficiente: si solo se trata de tener una idea de lo que dice un documento, la traducción automática ofrece una alternativa mucho más barata —gratuita, en realidad, si se tienen en cuenta los recursos que se encuentran actualmente en línea— que una traducción humana.
Por otra parte, las parejas de lenguas implicadas en la traducción automática también tienen que ver con el grado de calidad del producto resultante. Cuando se trata de lenguas próximas, las herramientas existentes pueden ofrecer traducciones automáticas en las que más del 90% del texto meta sea aceptable. En cambio, las lenguas con estructuras poco parecidas entre sí dan unos resultados mucho menos fiables.
Sin embargo, sí que es posible incluir la traducción automática en el flujo de trabajo de la traducción profesional con un proceso de postedición, como se apuntaba arriba. Y, de hecho, los programas de traducción asistida por ordenador (TAO o CAT, en este último caso por las siglas en inglés) tienden cada vez más a incluir una opción de traducción automática complementaria a la traducción asistida, de manera que en los casos en que la memoria de traducción no tiene una versión previa realizada por una persona de un segmento determinado que se tenga que traducir, la aplicación ofrece una propuesta que proviene directamente de un traductor automático. (Recordemos que una memoria de traducción almacena frases ya traducidas, y cuando en un texto aparece una igual o parecida, presenta la que se tradujo anteriormente para que se pueda modificar más o menos y aprovechar en una traducción). En ese caso, y como sucede con las sugerencias de las memorias de traducción, la persona que traduce puede llegar al redactado final de una frase determinada de forma más rápida que partiendo de cero.