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Viernes, 29 de julio de 2011

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Películas

Del doblaje y los subtítulos

Por Mariano Antolín Rato

Leo que en España, y durante el año 2010, las versiones originales subtituladas de las películas sólo han atraído a poco más del 1% de los espectadores que acuden a las salas de cine. Casi el 90 por ciento, pues, prefirió verlas dobladas. Imagino que el dato es extrapolable a los que ven películas y series que se emiten por televisión, sobre todo si se tiene en cuenta que la selección del idioma ya viene hecha por las cadenas, y éstas raramente, si alguna vez, ofrecen versiones subtituladas. No suele ocurrir eso con las de los DVD y las que se descargan de la red, aunque en este último caso no siempre avisen del idioma en que vienen. Sin embargo, imagino que el porcentaje de los que prefieren las versiones dobladas debe de ser bastante parecido al de los que, cada vez en menor número, van a las salas de cine. En tiempos se apuntó que quizá esa preferencia por el doblaje fuera uno de los motivos por los que en España había tan  pocas personas capaces de expresarse en inglés. Y una prueba, nada científica por otro lado, que puedo ofrecer al respecto consiste en conversaciones mantenidas con cinéfilos cubanos. Ellos recordaban en inglés diálogos de películas que de niños nos habían marcado, mientras que yo lo hacía en el español, muchas veces censurado, del doblaje. O yendo hasta los Balcanes en busca de más pruebas igual de poco consistentes. Me ocurrió que en Sarajevo había gente, como varias limpiadoras y recepcionistas del hotel donde me alojaba, que se dirigían a mí con frases en español. Según me explicaron, ante mi sorpresa, las habían aprendido en los culebrones venezolanos que allí se emitían subtitulados en bosnio.

A juzgar por los subtítulos que supuestamente traducen los diálogos y voces en off originales, los que sólo ven versiones dobladas escuchan frecuentemente cosas distintas a las que se dicen en las películas. Muchas veces porque la traducción es errónea, y sobre todo por la ignorancia que demuestra quien se ha ocupado de ella. Es conocido, o al menos yo lo he leído más de una vez, que alguien tuvo la osadía de traducir Holy Ghost por «Santo Fantasma». Y eso que en el contexto en que se pronunciaba, después de «en el nombre del Padre y del Hijo», resulta difícilmente concebible que se ponga algo que no sea «y el Espíritu Santo», que en inglés es Holy Ghost, o el más clásico Holy Spirit. Una muestra de incultura equivalente a la que tuve ocasión de leer ayer mismo en otro subtítulo de una película irlandesa. Se decía de una persona que profesaba la fe de la Roman Catholic Church. Pues, mire usted por dónde, el subtitulo ponía: «Iglesia católica románica», y no «romana» como cualquiera, menos al parecer quien hizo la traducción, sabría. Pero, claro, no voy a entrar en complicados debates sobre la educación religiosa que podrían llevar a que ésta se realizase en latín, lo mismo que alguien, cuyo nombre prefiero ni escribir, trató de que la asignatura de Educación Cívica se impartiese en inglés.

En tiempos, con todo, he lamentado la falta en los planes de estudio de cuestiones relacionadas con la religión. Y es que, criada por unos padres descreídos, mi hija estudiaba historia del arte en la facultad y no era capaz de interpretar gran parte de la imaginería occidental. Vamos, que desconocía incluso lo de la virginidad de la madre de Cristo y, por tanto, se le escapaba la historia que había detrás de tantas anunciaciones o visitas de santa Ana. El estudio, no previsto en las lecturas recomendadas, de La leyenda dorada, un clásico sobre la vida de los santos del dominico italiano Santiago de la Vorágine, palió en parte tal desconocimiento.

Pero el analfabetismo cultural de ciertos traductores no se limita exclusivamente a ese tipo de materias. Los ejemplos que se podrían poner sobre libros clásicos, cuyos títulos aparecen equivocados, llenarían varias páginas. Lo que demuestra, si alguien lo dudaba, que para traducir, no sólo hay que conocer los idiomas de partida y de llegada, sino además de qué va lo que se traduce.

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