Traductología
Por Gonzalo García
La cuestión se complica —por fortuna, claro— cuando empiezan los juegos de palabras:
…escucha esto: «¡Dorothee von Schlotterstein-Seifenschwein!» ¿Habías oído alguna vez un nombre tan estúpido?1
Seguimos en el árbol de familia; ahora en alguna rama política casada con el ridículo. El lector español tiene la oportunidad de reírse con ese imposible trabalenguas de ches y eschés y sxein. El lector alemán tiene una opción diferente, porque para él no hay misterio fonético y sí hay, en cambio, un chiste:
…escucha esto: «¡Dorotea de Tiemblapiedra y Jabón-Cerdo!» ¿Habías oído alguna vez un nombre tan estúpido?
Pobre de la que en un aula moderna se llame eso, desde luego; hasta el maestro perdería la corrección que se le supone. Pero la duda de si adaptar o no, esa no se resuelve tan fácil; solo cabe escoger qué queremos perder, porque aunque con una adaptación bien hecha ganaremos en diversión, perderemos todo el color y, por tanto, buena parte del anclaje. Mi versión de arriba es chapucera, por ejemplo, porque más parece sacada de algún rincón del pullesco siglo xvii español —con góngoras lo comas, nariz roma— que de un cementerio brumoso del centro de Europa.
La repetición es un agravante que nos puede ayudar a decidir en qué balanza son menores las pérdidas. En el siguiente pasaje Udo se está haciendo pasar por Rüdiger, puesto que Anton no se acaba de atrever a presentar ante sus padres a un vampiro, por amigo que sea:
—Bueno, sí —dijo Udo—, mi segundo nombre, ¿sabe usted? Rüdiger-Udo von Schlotter…
Se detuvo y buscó a Anton buscando ayuda.
—¡Schlotterstein! —le sopló Anton moviendo los labios.
—Schlotterschrein —dijo Udo, que no le había entendido correctamente.
—¿Cómo? —dijo confusa la madre—. ¿Schlotterschrein?
—Quería decir Schlotterschwein —se corrigió Udo.
—¡Ah! —dijo la madre—. ¡Vosotros queréis volverme loca!
Para el lector español, la madre se volverá loca como intente pronunciar toda esa retahíla con más proporción de consonantes que de vocales. El lector alemán, en cambio, se ríe al pasar de Stein ‘piedra’, a schrei(e)n, ‘gritar’ o Schwein, ‘cerdo’.