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Nomenclatura de los refrigerantes
Por Manuel Sevilla Muñoz
y Julia Sevilla Muñoz
En determinadas ramas del
saber, como en botánica, química o anatomía, entre otras, es preciso
formar gran cantidad de términos para nombrar los elementos que
constituyen su objeto de estudio. Para ello, se han constituido
comisiones de carácter internacional, que han establecido normas
para formar nuevos nombres siempre que sea necesario. Tales normas
guardan relación con la manera en que se clasifica aquello que se
desea nombrar. El conjunto de los términos resultantes de la aplicación
de esas reglas prefijadas es lo que entendemos por nomenclatura.
El conocimiento de las nomenclaturas
resulta indispensable para la traducción especializada. De todas
ellas, abordaremos la nomenclatura de los refrigerantes, contemplada
en el artículo 11 del Reglamento de Seguridad para Plantas e Instalaciones
Frigoríficas (Real Decreto 3099/1977, de 8 de septiembre) y desarrollada
en la Instrucción MI IF 002 (Clasificación de los Refrigerantes),
en la que se llama «Nomenclatura Simbólica Numérica».
De acuerdo con el reglamento,
los refrigerantes se pueden denominar por su fórmula química o por
su expresión simbólica numérica. Además, existe un nombre comercial
que debe ir acompañado por alguna de las dos formas anteriores,
de acuerdo con la normativa vigente.
Esta nomenclatura, desarrollada
inicialmente por la empresa fabricante de refrigerantes Du Pont,
pretende evitar confusión en este campo, generando términos invariables
e independientes del idioma, lo que facilita la labor del traductor.
Esta pretensión es común a todas las nomenclaturas, aunque, finalmente,
no se consiga por completo, porque la nomenclatura evoluciona con
los nuevos descubrimientos de la ciencia que la estableció y, con
el tiempo, acaban conviviendo las denominaciones oficiales con otras
que también fueron admitidas en el pasado pero que luego fueron
reemplazadas por otras, como muy bien ilustró en esta sección Fernando
Navarro en su artículo «Rochalimaea
quintana».
Hasta la fecha, que nosotros
sepamos, la nomenclatura de los refrigerantes no presenta tales
problemas, quizá porque se basa en la composición química, algo
que, en principio, debe ser invariable. Pero existen otras posibles
razones: el ser demasiado joven y que no haya habido tiempo o necesidad
(no hay tantos refrigerantes para nombrar como plantas, moléculas
o músculos, tendones, vasos sanguíneos...) para una reforma; que
está vigilada, no sólo por la comisión internacional que la formula,
sino por la legislación de los diferentes países. También contribuirá
el hecho de que los refrigerantes más antiguos, como los CFC y los
HCFC, se han dejado de fabricar (por dañar la capa de ozono y contribuir
al efecto invernadero) y no ha existido la posibilidad de renombrarlos.
El tiempo nos mostrará la evolución de esta nomenclatura.
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