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Jueves, 28 de febrero de 2013

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Autores s. xx

«No soy lo bastante Goethe»

Por Ricardo Bada

Ciento diecisiete acuarelas, ciento treintaiún poemas breves, brevísimos, algunos casi telegráficos, componían un libro de poemas publicado por Günter Grass cuando andaba al hilo de sus setenta años. Se titulaba Hallazgos (en el sentido de «objetos perdidos») para gente que no lee, convertidos en la versión española, por mor de la diagramación, en Hallazgos para no lectores.

Acuarelas donde el texto de los poemas forma parte de las mismas, escrito con el propio pincel y a veces hasta en el mismo color dominante en la acuarela, de tal modo que cabría preguntarse si no fue también a veces la escritura del poema, con el pincel, lo que hizo surgir la acuarela a partir de las palabras. La morfología del resultado descarta tal hipótesis, pero la simbiosis es desde luego fulminante.

Así por ejemplo, en «Breve homilía dominical» («Dios —según Nietzsche— ha muerto, / pero como arma multiuso / sigue siendo operativo / y se puede comprar en todo el mundo / por no estar protegidas sus regalías»), el texto aparece dentro de unas nubes grises de rebordes blancos algodonosos: es casi el humo de la zarza ardiente, y el poema en sí como una suave burla del mismo Dios.

Günter Grass comenzó su carrera artística como escultor, como gráfico y como poeta, las tres actividades suyas menos conocidas en el ámbito del idioma español (y no sólo en él), y ciertamente como poeta es uno de los mejores de la posguerra alemana. Baste recordar su inclusión en la formidable antología-hito 21 poetas alemanes (1980), del malogrado Felipe Boso, y baste recordar la selección Poemas (1994), traducida por Miguel Sáenz, ambas en la colección Visor.

Si bien es verdad que la fama universal se la proporcionaron sus novelas, Grass ha seguido manteniendo en paralelo tres talleres de creación personal: el de escritura, el de obra gráfica y pintura, y el de cerámica. De dos de ellos nos llegaron esos Hallazgos para gente que no lee. La edición alemana original, la que manejo al escribir estas líneas, es un volumen de gran formato y con una reproducción óptima, que como simple objeto ya resulta deslumbrante. Se notan la mano paternal y el buen ojo del artesano Grass cuidando la edición.

El tono que preside los poemas (y bastantes de las acuarelas), si no otoñal, como apuntó buena parte de la crítica alemana, sí tiene mucho de veranillo de San Martín. No es el otoño de un patriarca lo que aquí se expresa, a pesar de la dedicatoria: «A mis nietos, en número creciente». Pero sí la voz de un hombre que ha alcanzado mentalmente indemne una edad avanzada y que acababa de salir de un grave trance de salud.

Con todo, el humor y hasta el sarcasmo surgen a cada momento en estas coplas septentrionales: así cuando habla de una «papilla petrificada» (el canciller Kohl) que desde hace años pesaba sobre su país, ¡ni con elecciones había manera de quitársela de encima! Y no sólo el humor y el sarcasmo. En el poema que dedica a las chumberas (posiblemente en el jardín de su casa del Algarve), Grass se autodefine como «el jardinero para plantas / que necesitan poca agua» y se despide de ellas con una tierna ironía: «Por favor, sed moderadas, / ¡multiplicaos!». Una tierna ironía que alguna vez no vacila en autoaplicarse: «Desde los tiempos de Grimm / está el sapo en el umbral / y espera la palabra redentora / ¡Eh! ¡Princesa Bettina! / Mas para ella no soy lo bastante Goethe».

Miguel Sáenz finalizaba el prólogo de Poemas rogando al lector con insistencia que aprendiese alemán para poder leer a creadores tan intraducibles como Grass. No dispongo de su traducción de estos Hallazgos… en el momento de pergeñar esta nota, pero tratándose de él la calidad está garantizada ab initio.

Lo cierto, empero, es que cada poema de este libro conlleva un desafío al traductor, y no resisto la tentación de citar mi variación del titulado «Del uso de los artículos», donde Grass consigue visualizar de mano maestra los tres de singular del alemán (Der, Die, Das) construyendo al mismo tiempo una frase redonda:

Der Wald lehrt
                die Liebe 
das Fürchten

(El bosque
            la amenaza en
lo más hondo).

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