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Lunes, 18 de febrero de 2013

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Historia

Orígenes de la traducción chino-español: Fray Domingo Fernández de Navarrete (III)

Por Gabriel García-Noblejas

En el trujamán anterior aludíamos a la especial manera que tenía fray Domingo Fernández de Navarrete de presentar sus traducciones. Dicho escuetamente: primero traduce una sentencia; segundo, la glosa y explica por medio de comentarios personales; tercero, compara la sentencia con algunas ya conocidas en su cultura. En esta fase comparativa, intercultural incluso, fray Domingo busca puntos de comparación en las Sagradas Escrituras cristianas, los Padres de la Iglesia y en otros pensadores que veremos más abajo para comprobar si la idea de Confucio existía ya en la civilización cristiana occidental y, si era así, para analizar qué grado de similitud había entre ambas ideas.

Da la sensación de que intentaba mostrar si lo traducido, de alguna manera, ya existía en la cultura para la que estaba traduciendo, es decir, la europea, y si, en consecuencia, era fácilmente comprensible por el lector de su traducción; un asunto, por lo demás, que cualquier traductor moderno suele plantearse antes de acometer su labor.

Fray Domingo ponía el pensamiento chino que traducía en perspectiva, lo relacionaba con el pensamiento de la cultura europea, trazaba un puente entre ambos pensamientos. Además, ofrecía la traducción de determinado fragmento siempre dentro de un capítulo cuyo encabezamiento escribía él mismo y, así, orientaba al lector en cuanto al tema de dicho fragmento. Pongamos un ejemplo. En el Tratado IV, capítulo III, § 1, leemos:

Capítulo III
Que deve el hombre conformarse con la disposicion del cielo, y no fiar en su poder, y habilidad

En dos letras suyas, que son Xun Ming,1 dice el China casi quanto esta escrito en el titulo de el capitulo, y viene a ser, como dezir que la fortuna, y hado son enevitables, y que hemos de vivir sujetos, y rendidos a estas cosas.

1. Y asi dize uno: La vida, y la muerte tienen termino fixo, y determinado; las riquezas, y averes estan en el cielo.2

La primera proposicion es verdadera tambien para nosotros, pero en muy diferente sentido, que la entiende en Chino. Para la segunda nos podemos aprovechar de lo del I0 del Eccl. Vers. 5, In manu Domini prosperitas hominis. […] Vease Oleastro in 32. Deuter.

Baste la cita. Podríamos poner muchas más y mucho más largas, pero con ésta es suficiente para ver cómo procede fray Domingo a presentar su traducción. Entre las autoridades que cita, además del Eclesiastés y el Deuteronomio y cualquier otro libro de la Biblia, encontramos desde San Agustín hasta Tito Livio, pasando por Santo Tomás, Alberto Magno o Boecio.

No deja de ser curioso ver cómo el traductor también emplea este método para cerciorarse de si el pensamiento chino era «verdadero» desde el punto de vista de la civilización a la que él pertenecía y, así, de asegurarse de si la comprensión del lector sería correcta o no. Nos parece fundamental esta aclaración que hace fray Domingo: aunque aceptemos la primera proposición de Confucio, nosotros, europeos cristianos, la entendemos de una manera totalmente distinta a como la entienden los chinos. Consciente de lo que significaba a la hora de traducir la diferencia de mentalidad cultural, intentó controlar y manejar dicha diferencia ideando aquel modo de arropar su traducción con comentarios y citas de pensadores europeos.

Terminemos ofreciendo una de las traducciones modernas de la frase de Confucio recién vista, la de Joaquín Pérez:

Zixia dijo: «Yo he oído el dicho siguiente: Vida y muerte están marcadas, la riqueza y los honores dependen del Cielo».3

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  • (1) Que significan «conformarse con tu destino, seguir tu destino». volver
  • (2) La frase está tomada de Analectas XII 5: si sheng you ming, bao gui zai tian. volver
  • (3) Confucio. Los cuatro libros, Círculo de Lectores, Barcelona, 2001, p. 176. volver
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