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Viernes, 17 de febrero de 2012

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De los escritos y de las mezclas (2)

Por Pablo Moíño Sánchez

La historia es más o menos así:

El joven Clark Devereaux, a quien sus amigos —los Goonies— llaman Bocazas, se ofrece como traductor circunstancial del italiano para una señora, Rosanna, contratada para ayudar en la mudanza a la madre de su amigo Mikey, que tiene el brazo en cabestrillo y no puede ocuparse de todo ella sola. De este modo, conforme la madre del chaval va indicándole a la mujer, habitación por habitación, todo lo que tiene que ir organizando, un Bocazas crecido le habla de drogas, instrumentos de tortura sexual y cuartos de las cucarachas, mientras la pobre Rosanna lo mira sin saber dónde meterse. El primer fragmento es legendario: la madre le dice a la mujer que las camisas están en el segundo cajón, que meta todo en cajas de cartón y que se olvide de las maletas. Entonces Bocazas opta por la siguiente traducción libérrima: «L’erba è nel primo cassetto; la cocaina e le anfetamine nel secondo; e l’eroina nel de sotto. Mai si devono mescolare le droghe».

Como los niños españoles de los ochenta no estudiábamos italiano, era posible que no nos enterásemos bien de la broma de Bocazas. Aun así, recuerdo perfectamente que la peli conservaba los subtítulos en inglés de ese fragmento. E inglés sí que estudiábamos. Y podíamos, incluso, percibir el tratamiento tipográfico especial para las sustancias prohibidas: «The marijuana goes in the top drawer. / The cocaine and speed in the second. / The heroin in the bottom. / Always separate the drugs».

Hace muy poco he sabido que, en la versión original (y en la doblada al italiano, claro), Rosanna era Rosalina y además era de México, así que lo que hacía allí Bocazas era traducirle al español. Esto, que pasa en tantas y tantas películas, ya sería cuestión de otro trujamán. Pero el caso es que, en la película doblada al italiano (que en ese pasaje también conserva los subtítulos en inglés), Bocazas dice literalmente: «La marijuana va en el primer cajón; la coca y el hashishi van en el segundo; la heroína en el de abajo. Siempre hay que separar las drogas».

Y bueno, yo no sé si a los niños italianos les chirriaría un poco esa separación por cajones —sin duda lo más lógico habría sido subir el hachís al de arriba, con la marihuana—, pero lo que está claro es que en el cambio de hashishi por speed hay un leve patinazo; o bien una forma caprichosa de censura, que todo podría ser. Aunque peor aún es lo que Bocazas silabea torpe, espídicamente, en el original: «La mota va en el primer cajón; la coca y la rapidez en el segundo», etcétera. Y los niños estadounidenses a por uvas, mientras colea otra vez esa última frase, «Siempre hay que separar las drogas», mucho más débil, mucho más plana, mucho menos evocadora que la voluntariamente ambigua «Mai si devono mescolare le droghe» italiana de la traducción española. Porque una cosa es separar y otra muy distinta no mezclar.

Me quedo, aquí, con el Bocazas que conocí de pequeño: el sabio Bocazas que peroraba por igual de cómodas y de organismos. 

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