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Viernes, 10 de febrero de 2012

El Trujamán. Revista diaria de traducción

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Autores s. xx

Cuaderno gris por azar (1)

Por Ramón Buenaventura

Nuestras lecturas, en mucha parte, son resultado del mero azar. Así, hace unos días, saliendo de mi Mercadona, con el carrito por delante, vi que habían puesto una mesa de saldos en la papelería de enfrente y me fijé en un tomazo considerable que descollaba sobre todos los libros allí embalumados. Atraído irresistiblemente por la cantidad (¿libro grande, ande o no ande?) —no puedo negar la fascinación que me crean los volúmenes copiosos—, me acerqué al tabanco, vi que aquel altozano de papel era El cuaderno gris de Josep Pla y, sin pensármelo ni media vez, me lo llevé por euros seis.

Confieso: solo había leído artículos sueltos de Pla, pero me azuzaban la curiosidad su casi indiscutida fama de prosista (el casi es retórico; no sé de nadie que se la haya discutido) y la idea que me había de hecho de él como persona totalmente incompatible con mi persona. (Sí, lo reconozco: estas consideraciones pesan en mis tomas de postura literarias. Demasiado tema para estas líneas). Y, como llevo añísimos sin leer catalán, acepté sin demasiados remilgos la versión castellana.

Al día siguiente, cuando por fin la emprendí con el Cuaderno, me encontré con una sorpresa que no debería haber sido tal: el traductor era Dionisio Ridruejo (siempre he sabido que Ridruejo tradujo El quadern gris en colaboración con su mujer, Gloria de Ros; pero se me había olvidado; es portentosa la cantidad de datos de toda la vida que se van desmigando con los años). Ustedes pensarán lo que quieran —entre otras razones, porque no puedo impedírselo ☺—, pero a mí me parece que un señor de Burgo de Osma, Soria, no tiene la menor posibilidad de entender a un señor mediterráneo: ni su personalidad ni, desde luego, su cultura y su prosa. Prejuicio que, naturalmente, mi hizo entrar en la traducción con crecido interés.

Está hecha con amor. No sé si más bien a Gloria de Ros que a Pla, pero con indiscutible esmero, con admiración y con respeto. Es una modalidad de traducción, la cariñosa, que desencaja un tanto de la comercial. La mayor parte de lo que traducimos es por dinero, señores, por esa cosa ancha y ajena llamada dinero, no nos molestemos en negarlo. Ni que decir tiene que el cobro no implica desatención ni desgana por nuestra parte, pero el cariño verdadero, ya saben ustedes, ni se compra ni se vende. Ridruejo hace una traducción del Quadern gris que debió de llevarle arrobas de tiempo y que de ningún modo pudo compensarle económicamente: ¡vaya usted a saber lo que cobraría por esos mil folios de trabajo a mediados de los setenta!

El texto de Ridruejo / de Ros será o no será buen reflejo del catalán de Pla —no lo sé: aún no he tenido tiempo de pasar por la librería Blanquerna a apoderarme del original—, pero se lee con placer grande y con la admiración in crescendo. Madre de Dios, cómo escribe este señor del Bajo Ampurdán; qué habilidad la suya para interesarme en lo que de ninguna manera podría interesarme contado por otro; qué páginas.

Esta admiración mía ya significa, directamente, que los traductores acertaron de pleno; pero en la próxima entrega haremos unas cuantas reflexiones sobre el texto español y las decisiones que Ridruejo toma. (Sigue)

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