Corrientes del Tíber
Por Fernando SorrentinoSimpático y querido como pocos,
dúctil como ninguno, Carlos Gardel, que cantó en inglés y en francés, no tendría
ahora ningún inconveniente en interpretar un tango en la lengua de Virgilio.
Imaginémoslo, pues, con su
esmoquin, su pelo oscuro y engominado y su eterna sonrisa, modulando uno de los tangos
más placenteros de todas las épocas. Pero no en español, sino en latín.
Tras un breve introito geográfico
con la ubicación de cierto preciso edificio de Buenos Aires, Gardel nos avisa que, por
suerte, Ubi ostiarii? Ubi vicini? (siempre son molestos), y nos anticipa que Intro
mulsum et amor.
En la vivienda nos aguarda un trío
muy atractivo, que combina la molicie, la música y la sabia luz: pulvinar, tibiae et
lychni.
Como en esas circunstancias,
cualquier animal vivo que ladre, maúlle, gruña, verraquee, píe, rebuzne, relinche,
zuree, croe, gorgoritee o cacaree no será otra cosa que un elemento perturbador y
desconcentrador, es preferible que est et simius figulinus / ad amorem tacitus.
La «casita» está muy sensualmente
provista: Omnia sunt in deversorio, / pulvinar et exedrae, / ut in taberna Erotos, /
stromata atque silentia, / tabula plena amoris. ¿Qué puede haber más agradable?
Claro que, cuando el domingo ha concluido, tenemos Die Lunae, res nullius.
Pero, desde luego, y tal como lo
aconseja la sensatez que nos enaltece a las gentes de la vid y del olivo, la alegría
hedonista (¿quién me quita lo bailado?) recorre, triunfal, el estribillo que le
da fin:
Ubique lux tenuis,
Thessalicus amor,
lux tenuis suaviorum,
lux tenuis amborum.
Ubique lux tenuis,
paene in umbris sumus,
persuavis ut serica
lux tenuis amorum1.
Aunque el locus ubi del tango
es el mítico número 348 de la avenida Corrientes, el autor de la letra de A media luz
(1924) resulta el uruguayo Carlos César Lenzi (1895-1963). La versión en latín
pertenece a Radulphus Lavalle2, quien lejos de cualquier solemnidad reconoce que este tipo de
trabajo constituye una mera travesura:
Lo primero que se percibe es que no
hice tanto una traducción sino una imitación3.(...) Creo que es ilusorio pensar
en una correspondencia perfecta. (...) trato de resolver la cuestión valiéndome del
humor, que me sugiere unas veces latinizar alguna palabra griega, otras buscar una latina
más rara; en fin, dar al lector la idea de que se encuentra ante palabras y expresiones
distintas.
Acaso personas de ceño adusto
reprueben la ejecución de estos juegos viéndola como frivolidad de cenáculo literario.
A lo que Radulphus responde:
Sin duda, pero al menos se
autofinancia y es gratis4.
El texto completo de Lux tenuis
puede encontrarse en la revista virtual Gargantúa (n.º 2, julio de 2002). Los
versos de A media luz, en cualquier colección de letras de tango y en la memoria
de muchas personas.
(1) «Y todo a
media luz, / que es un brujo el amor... / A media luz los besos
/ A media luz los
dos
/ Y todo a media luz
/ Crepúsculo interior
/ ¡Qué suave
terciopelo / la media luz de amor!».
(2) Es decir, el
profesor Raúl Lavalle, catedrático de latín de la Universidad Católica Argentina. Las
citas corresponden a su trabajo «Poesía popular: dos versiones, y algo de
latín».
(3) En efecto, el
lector advertirá muchas libertades. En el trinomio «piano, estera y velador» el piano
ha devenido flauta, y la estera, almohadón. El «gato de porcelana» ha descendido a
«mono de arcilla». Pero, a cambio de estas licencias, el texto latino puede cantarse sin
distorsión alguna adecuándolo a la música que, en 1924, compuso Edgardo Donato. Carlos
Gardel lo habría hecho de manera maravillosa; nosotros, al menos, podemos intentarlo.
(4) Palabras
significativas en un país que, con el fin de que los políticos cometan desatinos y
perpetren delitos, los recompensa con sueldos astronómicos. |