Antes se caza a un mal traductor
Por Josep BonetDicen que se caza antes a un mentiroso que a un cojo. Yo
pienso que es más fácil cazar a un mal traductor. Después de unos cuantos años
revisando lo traducido por compañeros, estoy convencido de que se puede revisar
prácticamente cualquier texto, sin miedo a equivocarse, en ausencia de original; si bien
una elemental precaución nos impulsa a trabajar con red, es decir, cotejando el texto
fuente. Por si acaso.
La técnica es sencilla. Consiste en conceder una
importancia relativamente pequeña al estilo mis compañeros y yo trabajamos con
documentos bastante técnicos y tampoco es cuestión de mejorar los
originales y concentrarse en la comprensibilidad del texto. Hay que partir del
supuesto de que el texto escrito por el autor se entiende correctamente. En caso
contrario, el traductor debe buscar el motivo y dar con su significado exacto. Conviene no
olvidar que, para muchos documentos, el primer lector atento, reposado y ajeno al texto es
su traductor, por lo que a él incumbe descubrir sus imperfecciones e indicárselas al
autor. Por ello, la traducción incomprensible no puede ser más que muestra de su pobre
calidad.
Pero, ¡atención!, si el traductor malo es un
peligro, hay una especie más nociva: el traductor malo con recursos. No suele abundar,
por suerte. Pero su trabajo es nefasto, pues es capaz de camuflar su ignorancia o sus
carencias con florituras e inventiva. El traductor malo con recursos detecta que algo
falla en la traducción y la arregla para que no se note. Es como el reparador que hace
una chapuza, pero después la despista tan bien con cuatro paletadas de yeso y dos
pinceladas de color, que el desaguisado sólo se descubre cuando ya es demasiado tarde.
Estos personajes me recuerdan el titular de un periódico español en que se informaba de
la visita del Rey Juan Carlos al campamento o Centro de Instrucción de
Reclutas de Marines, en la provincia de Valencia. El linotipista, no sabiendo de
geografía ni de milicia, pero sí de su oficio, quitó la mayúscula al topónimo y lo
puso de cursiva, con lo que quedó en «El Rey visita el campamento de marines».
Estoy convencido de que la mayoría de lectores ni se dieron cuenta. ¡Y eso que en
España no hay cuerpo de marines! |