Enseñanza
Por Marcos Cánovas
En dos artículos anteriores1 se comentaban aspectos relacionados, en un caso, con el uso de la traducción automática en la traducción profesional y, en el otro, con la integración entre los recursos de traducción automática y los de traducción asistida. Se trata de tecnologías que están presentes en la traducción profesional y que no pueden faltar en las programaciones de las asignaturas vinculadas a la formación de traductores.
Así, en un contexto educativo, se debe ofrecer a los estudiantes una práctica adecuada con estas herramientas, vinculada al entorno didáctico que se haya diseñado. Conviene disponer, de entrada, de un traductor automático que responda a las necesidades de los proyectos que se trabajen en clase. Afortunadamente, esto no es un problema, puesto que existe una oferta considerable de productos gratuitos en línea a los que se puede recurrir. Por ejemplo, cabe considerar el servicio de traducción automática del Instituto Cervantes o el traductor automático de Google, entre muchas otras posibilidades. En función de las combinaciones lingüísticas y las características de la actividad que se tenga que desarrollar, elegiremos la mejor opción.
Una vez determinado el traductor automático (o sin haberlo determinado, porque la herramienta no necesariamente la tiene que fijar el profesorado, se puede dejar que sean los estudiantes los que elaboren un listado de recursos y elijan el más adecuado para la tarea), se trata de desarrollar una propuesta de trabajo. He aquí algunas ideas relativas a actividades que se pueden integrar en proyectos más complejos: