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Martes, 24 de enero de 2012

El Trujamán. Revista diaria de traducción

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Tecnologías

Documentarse: nuevas fuentes de información (I)

Por Alicia Martorell

Entre los cambios que ha traído a la traducción la evolución tecnológica, el de los soportes y fuentes de documentación es uno de los más radicales. Hemos pasado de contar con fuentes analógicas y limitadas, difíciles de replicar y de indizar, a tener a nuestra disposición un abanico tan amplio de recursos que seleccionar el más adecuado se ha convertido en uno de los problemas más acuciantes.

Con el movimiento de acceso libre a la literatura científica, las universidades y centros de investigación van adoptando poco a poco como política un almacenamiento accesible y sistemático de su producción. Tenemos a nuestra disposición bases de datos de tesis doctorales, portales científicos, fondos de documentos universitarios, bibliotecas digitales.

Entre los nuevos productores de información de libre acceso también debemos incluir a museos, asociaciones de consumidores, organizaciones internacionales, fundaciones, empresas, administraciones…

Las fuentes compiladas, como glosarios o diccionarios bilingües, que fueron hasta hace muy poco nuestra fuente de información principal (y casi la única), se han visto relegadas a la condición de muleta o de atajo útil, pues no pueden competir con todos estos recursos primarios que antes estaban solo disponibles en contadas bibliotecas y que ahora están tan cerca de nosotros como la pantalla del ordenador.

Las redes sociales se han universalizado como forma de relacionarse y compartir información, hasta convertirse en una fuente ágil, rápida y reactiva. Desde las listas de distribución, que son las redes sociales más antiguas, hasta las más modernas, el abanico de lugares donde resolver una duda puntual o localizar y compartir recursos es cada vez más amplio. Los propios usuarios van adaptando progresivamente estas redes a las necesidades específicas de la práctica de la traducción, creando grupos especializados, formales o informales, reglas no escritas de difusión, canales de comunicación y centros de almacenamiento de recursos. Además, las redes también son un punto de encuentro entre profesionales de la traducción y otros grupos de usuarios (informáticos, médicos, abogados, ingenieros…) que pueden resolver algunas de las necesidades de los traductores. No solo tenemos más y mejores recursos, también los compartimos con más facilidad.

La sindicación de contenidos nos permite identificar, agrupar y seleccionar distintas fuentes de información, incluso con grados de filtrado muy avanzados. Ahora es posible suscribirse a una sección determinada de una revista científica o general, en cualquier idioma, a una palabra clave (en buscadores, marcadores sociales, blogs), a una bibliografía sobre un tema determinado, con lo que mantenerse al día en los temas más especializados resulta mucho más fácil que antes.

El abanico de formatos disponibles se ha multiplicado: antes buscábamos referencias en formato de texto, ahora disponemos de imágenes, vídeos, presentaciones, archivos sonoros, infografías, catálogos, documentos multimedia, mapas.

Por otra parte, a diferencia de los recursos que manejábamos hace no tanto tiempo, los actuales están en un formato digital, lo que hace que las búsquedas sean precisas, rápidas y certeras. Cuando además están organizados en corpus (temáticos o generales), podemos enfocar el trabajo terminológico con una eficacia mucho mayor.

Estos cambios han sido tan importantes, y sobre todo tan rápidos, que cuesta mucho trabajo incorporarlos al proceso de trabajo del traductor: no hemos tenido tiempo de modificar nuestras estructuras mentales, lo que hace que muchas veces las nuevas herramientas no alcancen toda su utilidad potencial. El peso de la inercia es tal, que afecta incluso a traductores que ya podían disponer de Google cuando empezaron a traducir: seguimos aplicando a la superabundancia de información destrezas y sistemas de trabajo pensados para tiempos de escasez.

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