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Jueves, 13 de enero de 2011

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La traducción en Turquía: Hasan Âli Yücel

Por Rafael Carpintero Ortega

Hay personas que se merecen algo más que una simple entrada en las enciclopedias locales y deberían ser conocidas orbi además de urbi. Una de ellas es Hasan Âli Yücel, ministro de educación en Turquía entre 1938 y 1946. Yücel fue poeta, ensayista, periodista, traductor; pero de lo que más presumía era de haber sido maestro de escuela. Como maestro y seguidor de un kemalismo idealista, estaba convencido de que la verdadera revolución social sólo puede venir de mano de la educación y de ahí que se embarcara con el pedagogo İsmail Hakkı Tonguç en la magnífica aventura de los Institutos Campesinos de formación de educadores. Tanto Yücel, como Tonguç, como los Institutos, fueron sacrificados en un giro a la derecha del gobierno del momento.

Yücel también formó parte de la revolución lingüística como miembro de la comisión de etimología de la Institución de la Lengua Turca (TDK) y como ministro llevó a cabo la generalización de los estudios primarios, publicó las primeras enciclopedias en turco, fundó los conservatorios estatales, inició la reforma universitaria que le daría autonomía y consiguió que Turquía ingresara en la UNESCO.

Pero el trabajo que más nos interesa de su ministerio es la fundación de la Oficina de Traducciones (Tercüme Bürosu). En 1939, antes de cumplir el primer año de su mandato, convoca el primer congreso de editores con la intención de diagnosticar, entre otras cosas, cuáles eran las lagunas existentes en Turquía en cuanto a libros que merecían ser traducidos. Hasta ese momento, la traducción de obras occidentales había sido bastante errática (aunque siempre buscando una justificación pedagógica) y lo mismo se traducía a Fenelon que a Paul de Kock, a Voltaire que novelas policíacas tan del gusto de entonces, o se publicaban cuatro versiones distintas de Romeo y Julieta el mismo año. Del congreso de editores surge la idea de crear una oficina estatal de traducciones que se encargue de promocionar la traducción de obras clásicas y de traducir directamente aquéllas consideradas básicas y que la iniciativa privada había descuidado por un motivo u otro. Los modestos diez libros publicados en 1940 por la oficina fueron subiendo en número hasta llegar a los 152 en 1946 (el último año de Yücel como ministro) y a un total de 1247 obras traducidas hasta 1966, año de la clausura de la Oficina.

La idea de Yücel y sus colaboradores era que si Turquía quería llegar a los niveles de la civilización europea debía hacer suyo el bagaje cultural occidental para conseguir lo que ellos denominaron un «humanismo turco», aunque sin descuidar los clásicos orientales. Como educador, Yücel era consciente de que esta misión debe comenzar en la escuela, así que las traducciones de la oficina estaban en parte enfocadas a la enseñanza secundaria y universitaria. Para ello contaban con prólogos, algunos del propio Yücel, que contribuían a que el estudiante, o el mero curioso, pudiera situar obra y autor en su entorno correspondiente. El éxito de las ediciones de la Oficina de Traducciones fue notable, formaron el núcleo de las bibliotecas de los Institutos Campesinos y fueron fundamentales en la educación de la generación de literatos e intelectuales de los años cincuenta y sesenta.

En estos tiempos nuestros en que prima el liberalismo económico puede parecer un poco inconveniente la idea de que sea el Estado quien fije lo que se debe traducir o no. Pero, sin duda, no deja de ser una buena idea que exista un grupo de personas interesadas bienintencionadas que medite sobre las carencias de obras clásicas del panorama editorial y que aseguren una traducción de calidad a un precio asequible. En lo que todos están de acuerdo es que sin figuras como Hasan Âli Yücel el acceso de los turcos a eso que llamamos cultura universal habría sido mucho más difícil.

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