Aunque es cierto que se ha avanzado
bastante en los últimos años, uno de los aspectos todavía menos conocidos de la
historia de la cultura es la historia de la recepción de las ideas: ¿qué novelas
extranjeras se leían más en la Argentina del siglo
XIX?, ¿qué concepto de los
griegos tenían los franceses antes de la primera guerra mundial? Si nos
preguntamos qué concepto tenemos nosotros, ahora, de la poesía griega moderna,
es probable que demos una respuesta muy poco moderna, e incluso que alguno se
haya quedado esperando a los bárbaros en un rincón de una taberna alejandrina. Y
es que en el caso de las culturas minoritarias, la exportación de una obra
maestra puede tener efectos positivos—acrecentar el interés ajeno por los
autores locales— pero también negativos: que fragüe una determinada imagen
colosal, cuyos tópicos resulten imposibles de romper para los escritores
posteriores. (Sin ir más lejos, ¿cuánto ha costado transmitir, si es que se ha
logrado, que Spain sea algo más que flamenco and paella?). Igual
que hay Formas de atención, como ha estudiado bien Frank Kermode, hay
formas de la desatención. Y nadie puede atender a la vez a todos los estímulos.
En las vitrinas de los
importadores, al menos por lo que respecta a España, la imagen de Grecia ha
quedado detenida en la melancólica (y todavía fructífera) cámara solitaria de
Cavafis, la patria amarga de Ritsos, el Egeo de Elitis o los sedientos paisajes
de Seferis. Pero como es lógico, por debajo del estatismo de las fotografías la
vida continúa. Por eso se saludan con especial alegría iniciativas como la de
una pequeña editorial malacitana —Miguel Gómez ediciones—, que nos está trayendo
libros bilingües capaces de teñir el sepia con colores frescos: los Nueve
poemas de María Lainá (traducción de María López Villalba, Aurora Luque y
Obdulia Castillo); El préstamo del tiempo, de Costas Mavrudís (trad.
Vicente Fernández González); o Verbos para la rosa. Esbozo de poética, de
Zanasis Jatsópulos (V. F. G.). Y que redondea la jugada con los artículos de
Traducir a Grecia, traducir al otro o la Antología griega de la poeta
portuguesa Sophia de Mello (trad. Carlos Clementson).
Por eso queremos dirigir este
sencillo trujamán a la atención de esa poesía viva, que nos estaba llegando muy
parcialmente. Y nos alegramos especialmente de que haya recibido una atención
nada menor, pero que no siempre llega a oídos del lector no especializado: la
versión de Vicente Fernández de Verbos para la rosa ha merecido el Premio
Nacional de Traducción 2002. Abran boca con un poema de Mavrudís:
Álbum
1. Niño con corderito. 2. Tres
señoras en bañador. 3. Lunes de Cuaresma. 4. Desfile. 5. Epifanía 1958. 6.
Orquesta Filarmónica de Cefalonia. 7. Demostraciones gimnásticas. 8.
Exámenes en el Conservatorio. 9. Reclutas en Corinto. 10. Una niñita ciega
con un globo. 11. Bautizo. 12. En la tumba de tío Andreas.