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Viernes, 28 de diciembre de 2012

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¿Los doblajes y subtitulados españoles ya no son lo que eran?

Por Marietta Gargatagli

Hace unos años, la proyección de Scarface (El precio del poder, Caracortada) «redoblada» en un canal de televisión español desató una agitada polvareda mediática. Tony Montana tiene fieles seguidores por sus frases y por Al Pacino. Ni la voz del primer doblaje estaba presente en la nueva versión ni nadie pronunciaba aquellas palabras memorables que los espectadores recordaban con exactitud. No sólo faltaba todo eso sino que además, en opinión de los internautas, el conjunto era un desastre.

Leí en esos foros y en páginas de profesionales que ahora se dobla peor que antes porque, al parecer, las productoras han extremado las medidas de seguridad para evitar la piratería: se reciben las películas en el último momento, «sin música ni efectos especiales e incluso con toda la pantalla en negro salvo las bocas de los personajes para poder ver sólo el movimiento de labios».1 Este sistema de trabajo estaría produciendo las voces inexpresivas y los errores de traducción que se observan cada vez con más frecuencia y producen esos colapsos de mensajes indignados. 

Según los usuarios, la lista de películas «redobladas» resulta bastante extensa y abarca filmes muy variados como Hatari, Qué bello es vivir, Tiburón, Amadeus o La máscara. A veces se trata de cuestiones técnicas, otras económicas, otras no se sabe, pero los diversos formatos: televisión, video, DVD, Blu-ray no parecen mejorar la versión española que se vio en el cine considerada, por muchos de estos espectadores descontentos, la versión original. El añadido de escenas dobladas con otras voces —práctica necesaria para suplir escenas censuradas en otros tiempos o añadidas con posterioridad—  completa una disconformidad que se percibe bastante generalizada.

Quizá porque los interesados son menos o tienen otra edad, las quejas no incluyen comentarios sobre los subtítulos en castellano que, desde hace tiempo, tampoco son los mejores. Incluso a veces ni siquiera están. Muchas películas en DVD se ofrecen en su idioma original, dobladas al español y subtituladas en veinte idiomas, ninguno de los cuales se habla en España. Posiblemente ese desinterés explique que los subtítulos de esas ediciones comerciales se parezcan cada vez más a los textos incoherentes que abundan en el nuevo sistema de la televisión digital donde se puede leer Buddy Allen o Sidmund Froid o Guachintong. Como es difícil que los programas de reconocimiento de voz y de traducción del habla,2 en fases todavía experimentales, estén detrás de esas versiones (o a lo mejor sí), solo puede pensarse que el subtitulado televisivo, cuya finalidad real son las personas con problemas auditivos, no supone una preocupación para nadie. De lo contrario, sería impensable lo que sucede a veces: los subtítulos son como un resumen verdaderamente escueto de lo que dicen los personajes; los subtítulos corresponden a escenas anteriores o quizá por venir.

En las películas que se editan en DVD los textos traducidos por sistemas informáticos ya no son raros y alguien con conocimientos incluso remotos de la lengua castellana quedaría bastante atónito con lo que se llega a leer en pantalla. Basta un ejemplo: una versión de la Rebecca de Hitchcock que se anuncia como «Edición especial con extras» contiene algunas frases tan poco humanas como las siguientes: «aguas paradas son realmente profundas», «vine aquí cuando la señora de Winters era novia», «depende de la señora hacer con que la olvidemos» o «como dice el refrán ninguna piedra puede sobrar», etcétera.

Según la definición del Diccionario Clarín.com la censura consiste en: «Prohibición de la difusión de algo, o supresión o cambio del contenido de un mensaje en función de lo que se considera que se puede o se debe decir, según determinados criterios políticos, religiosos, morales o ideológicos». Esos doblajes y subtitulados a la sans façon podrían formar parte de esa idea sin desmentirla.

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