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Lunes, 19 de diciembre de 2011

El Trujamán. Revista diaria de traducción

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Ciencia y técnica

Cotilleos científicos

Por Bertha Gutiérrez Rodilla

El otro día oí decir a un profesor de traducción, durante la defensa pública del trabajo de un estudiante, que señalar que en un artículo científico escrito supuestamente en español aparece equis veces usada la voz pasiva, el gerundio de posterioridad, preposiciones anómalas, calcos o préstamos procedentes del inglés o montones de falsos amigos mal traducidos es un cotilleo científico. (Me resultó tan chocante que lo primero que pensé es si este profesor cuando se hace unos análisis de sangre y el analista le comunica que tiene tantos hematíes, leucocitos o plaquetas y que sus valores de glucosa o de colesterol son los que sean, él contestará igualmente que eso son cotilleos científicos…).

Pero todavía me sorprendió más cuando dijo que lo que escriben quienes se dedican a elaborar trabajos (artículos, monografías, tesis, etc.) en los que se avisa de la excesiva influencia que ejerce la lengua inglesa sobre la prosa científica en español, son igualmente cotilleos científicos. Sinceramente, ahí ya me quedé de piedra. No solamente porque de pronto se compararan las publicaciones de muchas personas de reconocido prestigio que durante años se han dedicado a estudiar estos asuntos con el trabajo de Belén Esteban o de Jorge Javier Vázquez (contra los que por otro lado no tengo nada), sino sobre todo porque con esta afirmación y las que vinieron detrás se trataba de defender que de ningún modo está demostrado que el inglés científico —y, en general, toda la retórica que rodea a la prosa científica en lengua inglesa— ejerza ningún tipo de influencia, nefasta o no, sobre los escritos de carácter científico que se publican en otras lenguas. Vamos, una especie de eppur si muove, pero al revés.

Si esto me lo contara mi peluquera, quizá hasta me haría sonreír. Pero que un profesor de una facultad de traducción, que tiene encomendada parte de la formación de los futuros traductores, piense de esta manera, la verdad es que no me resulta nada gracioso, pues a esos futuros traductores se les debería estar previniendo justamente del peso abrumador que el inglés desarrolla, en este caso, sobre el español. Como se les debería estar adiestrando adecuadamente para que en el futuro ejerzan una misión importantísima: la de actuar como muro de contención que impida que las aguas de la dominación lingüística y la aculturación se desboquen. Algo que nunca podrán hacer si no son plenamente conscientes de tal amenaza y que solo conseguirán llevar a acabo si son capaces de desempeñar su tarea con total pulcritud.

Por suerte, y en honor a la verdad, conozco a muchos otros profesores de traducción absolutamente convencidos de este peligro que señalo y así se lo transmiten a sus alumnos. Por lo que imagino que esta anécdota que les estoy contando, esta sí, no debe pasar de la categoría de cotilleo científico.

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