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Miércoles, 21 de febrero de 2013

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POESÍA

Octavio Paz y Mallarmé: a propósito del «Soneto en ix»

Por Ramon Lladó

Octavio Paz trazó quizás el mejor dibujo de su itinerario como traductor en el ensayo Traducción: Literatura y literalidad. La obrita se publicó en Tusquets, en 1971, en la colección Cuadernos Marginales y venía con un diseño magnífico en el que se veía al autor en una sola tinta con su imagen invertida en la mitad inferior de la cubierta. Para Paz, escritura y traducción son almas gemelas. Un poco a contracorriente de su época, en que la lingüística contrastiva y la estilística comparada habían dado carta de naturaleza a la llamada «objeción prejudicial», que acumulaba los obstáculos al traslado de la forma y en general de la escritura poética, el escritor mejicano cree que toda poesía es traducible, aun a riesgo de malmeter, durante la operación de traslado, buen aparte del tejido de asociaciones y connotaciones.

El libro contiene algo parecido a una poética de la traducción. No sus versiones de poesía francesa o inglesa sino el cómo y el porqué de ellas. De un modo casi abrupto y confidencial, cuando el gran poeta no ha alcanzado aún la cima de su prestigio, nos brinda, casi a modo de marginalia, un condensado singular de anotaciones y sugerencias donde se entreveran las intuiciones, las probaturas e incluso los consejos para armar las versiones de Mallarmé y Apollinaire, o de John Donne y Cummings. La faceta de Paz como «versionador» no fue ni mucho menos anecdótica, si bien se mantuvo como relativamente marginal y modesta en el conjunto de su obra.

El conjunto de esas meditaciones tiene, guardando todas las distancias en cuanto a tono e intención, algo del espíritu de las Cartas a un joven poeta de Rilke. Ahí el maestro, interrogado por un anónimo impetrante, aconsejaba al aprendiz de poeta no tanto lo que debía hacer para ser escritor sino más bien lo que le era preciso evitar. Literatura y literalidad es un libro de bitácora, sobre todo para quien comienza a trasladar poesía, sea por encargo editorial, avatar incierto donde los haya, sea por puro placer —realidad esta bastante más probable—.

Su propuesta de traducción del llamado «Soneto en ix» de Mallarmé constituye a mi entender la parte más polémica del libro. Aparte de la novedad del sistema de rimas que supone, que se aleja de la norma más común del soneto francés de esquema alternado para dar en el cruzado, la peculiar composición sintáctica y la combinación de las rimas en ix, constituyen un auténtico tour de force. Todos los elementos formales son sagazmente analizados por Octavio Paz, así como algunas claves de interpretación. Sin embargo, su propuesta de versión opta por soslayar la mayoría de esos retos, empezando por la decisión de aplicar el verso blanco, más apto a mi entender para trasladar la poesía en verso libre que para recrear un soneto tan cerrado como este. En la edición de Poésies (1887) el soneto no lleva título y suele designarse por sus palabras iniciales: «Ses purs ongles…» («Sus puras uñas…»).

Mallarmé combina seis rimas en yx, precisamente las palabras más importantes de este enigmático poema terminan en yx (onyx, Phénix, Styx , ptyx, nixe, fixe). Paz desplaza esas palabras rima al interior de los versos con lo que se rompe el efecto. Así, por ejemplo, respecto a Styx, Paz optó por castellanizar el topónimo mitológico, al que llama ‘Estigia’. Este es sin duda el muro más endeble de su construcción, por otro lado excelente si nos atenemos al ritmo y a las sonoridades conseguidas. En efecto, el río Styx está documentado en castellano como Estigia, Estigeo o Éstige pero también aparece atestiguado por diversos autores modernos y contemporáneos como Estix (por ejemplo en Miguel de Toro y Gisbert. Ortología castellana de nombres propios. Universidad de Michigan: Librería Paul Ollendorff. pp. 181-2. (1911), o en la Gran enciclopedia Larousse en veinte volúmenes, Volumen 8. Larousse. p. 568 (1967), y en otros como Juan Bautista Bergua o Apolodoro de Atenas.

Un caso similar ocurre con la segunda palabra «problemática»: ptyx, vocablo de oscuro sentido y del que Mallarmé pretendió que era un hápax, o sea una realización lingüística singular, que no se repite en ningún otro texto. El poeta reveló que había perseguido una rima en ix inédita en cualquier otra lengua. Así pues, habría inventado ese término para la ocasión.

En este caso, Paz disuelve el signo lingüístico de un plumazo, así como su contextura fonética, por otro lado tan genuina de la sugestión simbolista (sugerir en lugar de decir rezaba precisamente el lema mallarmeano) substituyéndolo por un supuesto equivalente semántico ‘conca’, variante de ‘concha’, conclusión a la que llega por la vía de una interpretación lexicográfica no plenamente probada. En el original en francés el lector tenía que imaginar. En la traducción debe uno recurrir al comentario del traductor. Bien es cierto que Paz dejó para el futuro una nueva versión que anunció como «tal vez más libre pero con rimas de dificultad y sonoridad análogas», versión que no había de ver la luz.

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