Profesión
Por Enrique Bernárdez
Pierre Bourdieu: Homo Academicus. © Les Editions du Minuit (…) English translation © 1988 by Polity Press, Cambridge (…) First Published in the USA by Stanford University Press, 1988. (…). ¿Y el traductor? Tenemos que llegar a la página X, donde aparece una breve nota de este, Peter Collier.
Lo mismo sucede en otro libro del mismo autor: Outline of a Theory of Practice. La ficha incluida en el libro, bastante completa, omite el nombre del traductor. Tenemos que ir a una edición más antigua, o a la página web de la editorial, para saber que la versión es de Richard Nice.
Y otra vez con otro libro del mismo autor, Practical Reason. Se nos dice que está traducido, se hace referencia a la editorial francesa de 1994 y a la inglesa (1998) de la que Stanford toma el texto en inglés. Pero ¿y el traductor? Si vamos a la página web de Stanford UP, ahí está. Pero ¿y en el libro?
Cambiemos de temática y de lengua de origen. Título: Aspects of Cognitive Ethnolinguistics. Autor: Jerzy Bartmiński. Editor: Jörg Zinken. Editorial: Equinox (Londres). Traductor: ¿? No encontramos referencia alguna, pero tampoco al hecho de que el libro sea una traducción. ¿Lo es? ¿No será que está escrito originalmente en inglés, algo frecuente en lingüística? En la página VII encontramos los agradecimientos del autor, donde se indican los títulos de los artículos originales… en polaco. Bueno, los habrá traducido el autor. ¡No! en sus agradecimientos incluye al «traductor, Adam Glaz». Vaya, resulta que es una traducción y que el traductor no es el autor. Como casi nadie lee los agradecimientos, la mayoría de los lectores no caerá en que ha habido alguien que se encargó de poner en inglés lo que están leyendo.
Esto tienes serias implicaciones. Por ejemplo, alguien lee un artículo en el que se cita un libro (The Bog People) escrito por P. V. Glob y publicado en Nueva York en 2004. Automáticamente pensará que está escrito en inglés por un especialista de lengua inglesa. El lector del artículo quiere saber más y compra el libro. Si es un bicho rarísimo, mirará la página de los copyrights. Y entonces se dará cuenta de que otra editorial de lengua inglesa, Faber and Faber, posee el © de la traducción del año 1969, y que el © de Glob es de 1965. ¿En qué lengua estaba el original? ¿Quién lo tradujo? Los datos están ahí: en la ficha para la Biblioteca del Congreso de los EE. UU.: «traducido del danés por Rupert Bruce-Mitford». Esa ficha es mera reproducción de los datos de la edición de 1969, hasta el punto de indicar como autor a P. V. Glob (1911-); desgraciadamente, el arqueólogo danés falleció en 1985: ¡Diecinueve años antes de la edición de The New York Review of Books! Pero para saber los orígenes del libro y que el original no es de lengua inglesa tenemos que mirar una página que nunca miramos, así que nada nos impedirá estar convencidos de que se trata de un libro publicado originalmente en inglés.
He buscado en mi biblioteca libros traducidos de unas lenguas a otras. En ningún caso se nos oculta el hecho de que se trata de traducciones, y el nombre de quien hizo la traducción aparece prácticamente siempre. Hay casos en que no, por ejemplo cuando una editorial reproduce una traducción antigua publicada en otra editorial diferente, ya desaparecida. Pero es algo infrecuente, excepcional. ¿Por qué no sucede así en los libros publicados en inglés? ¿Esa ocultación del traductor y del hecho mismo de la traducción es accidente, o intencionada? Lo veremos en un próximo trujamán.