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Lunes, 20 de agosto de 2012

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Historia

La traducción del chino al español en el siglo xx: Carmelo Elorduy (y 5)

Por Gabriel García-Noblejas

La siguiente traducción que publicó el padre Elorduy aparecería en 1983 y sería la del que es, sin lugar a dudas, el libro más importante de la civilización china. Nos estamos refiriendo a Zhouyi, también titulado Yijing, que él tradujo por Libro de los cambios. Una vez más, la traducción no viene sola, sino con una introducción y una gran cantidad de comentarios del traductor a cada capítulo. En este caso, el padre Elorduy no traza paralelismos entre los contenidos del libro que traduce con formas de pensamiento occidentales.

Un año después saldría su obra, premiada con el Premio Nacional de Traducción de España, Romancero chino, a la que nos referiremos en otro trujamán, y de la que sólo nos gustaría recordar aquí que es una monumental obra de poesía popular y culta de los albores no ya de China, sino de la humanidad, cuyos poemas debieron componerse entre el año 1000 y el 600 a. n. e.

La última gran traducción de Elorduy fue publicada en 1987; se titulaba Mo Ti, la política del amor universal1 y constituye una antología de Mozi, que es el título chino de la obra de uno de los filósofos más destacados y seguidos por el pueblo llano de la China antigua, el maestro Mo. El maestro Mo vivió en tiempos de Confucio y propugnaba una filosofía muy distinta de la de éste, así como muy distinta de la de los taoístas. Uno de los aspectos de la filosofía del maestro Mo que más patente ha quedado por la traducción del padre Elorduy no es otro que el que da título al libro: la tesis de que los hombres deben ayudarse entre sí, idea muy acorde con la fe que profesaba el traductor. No obstante, sostener que lo esencial y central de la filosofía del maestro Mo consistía en esta suerte del «amor al prójimo» sería reducir injustamente mucho la riqueza y la variedad del pensamiento del filósofo en cuestión. Uno de los aspectos más importantes de su pensamiento, que quedó fuera de la traducción, está recogido en los capítulos dedicados a la lógica, aún por traducir al castellano.

En conclusión, Carmelo Elorduy merece ser considerado uno de los grandes traductores del chino al castellano por lo que hay en él de pionero y de iniciador de una fructífera corriente de traducciones: las traducciones directas de filosofía china antigua. Hasta él, no existían en castellano textos fundamentales para poder comprender un poco más la variada civilización China. Intentó que los libros que traducía se comprendieran, prestando atención más a la comunicación de los contenidos, que a la forma de expresarse dichos contenidos y trató de relacionar algunos aspectos del pensamiento chino con la filosofía occidental. Si su forma de traducir, especialmente la filosofía taoísta, recuerda a algún traductor precedente, éste es fray Domingo Fernández de Navarrete.

Nosotros, por nuestra parte, creemos, como Rudyard Kipling, que Oriente es Oriente, Occidente es Occidente, y que nunca se encontrarán.

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  • (1) Tecnos, Madrid, 1987. volver
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