Centro Virtual Cervantes
El Trujamán > Traductología
Martes, 30 de agosto de 2011

El Trujamán. Revista diaria de traducción

Buscar en El Trujamán

Traductología

Más acerca de toponimias implacables

Por Ricardo Bada

El tema de la toponimia es inagotable.

Imagino que sin querer, en una urbanización del lugar donde vivo —en la periferia de Colonia y a orillas del Rhin— le han rendido al gran Chéjov un delicado homenaje de congruencia: la calle llamada Kirschgarten (= el jardín de los cerezos) es un callejón sin salida. Y es que en la toponimia urbana se dan casos muy justicieros, y hasta lúcidamente poéticos, y otros que no tanto, o que por lo menos inducen a un cierto desconcierto.

¿Qué puede decirle a un católico el hecho de que en Berlín, en el barrio de Schöneberg, la calle del apóstol San Pablo sea algo así como el breve gavilán de la larguísima espada que es la calle Lutero? ¿Se esconde en ello alguna simbología? 

¿Y no se oculta una justicia poética refinadísima en el hecho de que los munícipes de Amsterdam colocasen la estatua de Gandhi en el centro de la avenida Churchill? 

¿Debemos sospechar algo por el estilo cuando descubrimos que la calle Alemania, tiene en Madrid una sola manzana y se encuentra más bien escondida en un arrabal de no muy grata memoria? 

Y ya que hablamos de Madrid y calles de una sola manzana: ¿qué pensar de una ciudad que le dedica una calle así a nadie menos que Alfonso X el Sabio, y luego una avenida interminable a un inútil como Alfonso XIII?

¿Y qué sentido atribuirle a que en Sevilla la calle Amistad, nada menos, sea un callejón sin salida? 

Otra cosa, claro está, es que en el plano de una ciudad —como en el de Huelva—, por razones de espacio, en un barrio con calles de nombres de premios nobel destaque una que se llama «Miguela Asturias»: y no es un chiste.

El tema de la toponimia es inagotable, y permite algún que otro desbarre. En un texto de mi muy admirado George Steiner (Una idea de Europa), esta vez, con todos mis respetos, disiento en varios puntos. Hay en él un par de generalizaciones que son sin duda simpáticas, y útiles a la demostración que Steiner se propone, como lo es la referente a los nombres de las calles en Europa, tan cargados de historia, y en Estados Unidos tan desprovistos de ella. Pero nada más en Nueva York recuerdo Washington Square, Madison Square, Franklin D. Roosevelt Bridge, Lafayette Avenue… e imagino que en Boston habrá algo más que una Beacon Street y en Hollywood algo más que un Sunset Boulevard. Por otra parte, si es verdad que sus calles principales se llaman todas Main Street, no lo es menos que las plazas centrales de las ciudades españolas también se llaman todas Plaza Mayor.

Hace días, acá en Colonia, cuando el autobús se detuvo ante un semáforo en rojo de la circunvalación, traduje mentalmente el letrero de la calle, «Im Wasserwerkswäldchen», y me pregunté si sería posible que alguna española pudiera llamarse «En el bosquecillo de la estación bombeadora del Servicio de Aguas Municipales», que es lo que significa, en su inocencia telegráfica, y casi poética, «Im Wasserwerkswäldchen».

Y recordé aquel caso de presunta ignorancia que contó Julián Marías citando a un colega suyo, profesor alemán. El cual quiso documentarle a Marías cuánto había descendido el nivel de la cultura general en su país, con la anécdota de una secretaria que le preguntó que cómo debía escribir «Adenauer» en la dirección de una carta. Y lo único que el profesor documentó fue su propia ignorancia, no la de la secretaria.

Mi experiencia con ellas, en estos lares, me asegura que en ortografía y gramática les dan ciento y raya a sus superiores, y en este ejemplo concreto la secretaria le estaba preguntando, lisa y llanamente, si debía escribir «Adenauer Strasse» o quizás «Adenauer­strasse» o «Konrad-Adenauer-Strasse».

En el primero de los casos sería «la calle de Adenau» (una pequeña ciudad llamada así, cerca de Coblenza), y en los otros dos «la calle de Adenauer» (el primer canciller de la República Federal de Alemania). Porque Adenauer, gentilicio masculino de los habitantes de Adenau, también es apellido, como lo son en español Zamorano, Gallego, Aragonés, Vasco y Sevillano, y tantos otros. Y la normativa alemana de escritura de los topónimos urbanos se distingue por ser de un rigor implacable.

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es