Ciencia y técnica
Por Bertha Gutiérrez Rodilla
Bonito título para resumir lo que debería ser la tarea del traductor en el plano lingüístico1: verter ideas, conceptos, sentimientos… desde una lengua hacia otra…, pero sin que se note. ¡Qué inmenso placer sería leer un texto traducido sin que quien lo leyera se diera cuenta de que lo es! ¡Poder imaginar que se escribió originalmente en la lengua en la que se está leyendo, dada la falta de huellas dejadas en él por el idioma de partida…!
Lamentablemente, en los textos científicos esto que decimos es más bien una quimera, pues lo habitual es que esas huellas a las que aquí nos referimos —que un amigo nuestro denomina distraductemas2— estén repartidas urbi et orbi, no ya salpimentando las traducciones de forma más o menos desagradable, sino arruinándolas por completo por un exceso de mostaza y vinagre… Se ha escrito mucho sobre la causa de estas improntas, sobre lo molestas que resultan cuando se lee un trabajo de la índole que sea y se han buscado culpables entre los traductores, ya sean profesionales o aficionados, acusados de una falta de conocimiento, gusto o respeto hacia su lengua materna. Pero a veces da la sensación de que, a pesar de tanta «literatura secundaria» existente sobre el tema, hubiéramos terminado por aceptar que «no hay vuelta de hoja» y diéramos por sentado que la traducción científica es así, tiene que ser así, a causa de la complejidad de los conceptos que pueblan sus textos y de la dificultad de los términos con que tales conceptos se expresan.
Sin embargo, algunos no nos resignamos a aceptarlo, porque, aun sabiendo que hay determinados casos de traducción peliaguda, que llevan hasta al mejor y más excelente de los traductores a tener pesadillas por la noche, en muchas ocasiones no resulta fácil encontrar argumentos que sirvan para defender y justificar esta claudicación: ¿dónde está la complejidad conceptual que impide traducir severe por ‘grave’, ‘intenso’ o ‘extenso’, entre otras posibilidades, dependiendo de lo que se trate (enfermedad grave, dolor intenso, dermatitis extensa…), en lugar de por ‘severo’ (enfermedad severa, dolor severo, dermatitis severa…)? En ningún sitio. ¿Cuál es el insoluble problema que obliga a hacer equivaler patology con enfermedad o evidence con evidencia? Ninguno. Voluntariamente hemos escogido estos archiconocidos ejemplos, porque en ellos —como en tantísimos otros parecidos—, no hay complejidad conceptual ni terminológica alguna que condicione negativamente el resultado de la traducción. Lo que hay es bastante más simple: una falta de conocimientos sobre el tema objeto de traducción o sobre las lenguas con las que trabaja, combinada normalmente con una premura que obliga a efectuar la tarea de traducir de forma casi automática, sin dejar espacio a la reflexión y a la interiorización de lo que se está haciendo.
Mal va por ahí el traductor científico. Pues sólo estas últimas actividades intelectuales —reflexión, interiorización— y otras cercanas y parecidas a ellas le pueden diferenciar in extremis del traductor automático, que de seguir así las cosas, más tarde o más temprano, le acabará reemplazando.