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Martes, 2 de agosto de 2011

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Traductología

Muy propio (y XI)

Por Gonzalo García

La oposición estructural se puede resolver simbólicamente con la confrontación fonética, aunque no se comprenda su sentido; pero no la funcional. Es decir, si el sentido del topónimo cobra relevancia en la trama, entonces Houston:

Los dragones nos tendríamos que ayudar los unos a los otros y en realidad no tendría que deciros nada. Pero me habéis ayudado y los dragones de Kummerland han sido siempre muy poco amables con nosotros los medios dragones y no nos dejan entrar en la ciudad. Me pondré de vuestra parte para fastidiarles.1

Es justo el dolor que los dragones han causado a Nepomuk lo que hace que el medio dragón se ponga en contra del país del dolor. Así que Houston, Houston: no podemos hacer oídos sordos. Serrallonga lo resuelve con la habilidad de quien ha dedicado buena parte de su pericia a traducir teatro, un género en el que por costumbre se admiten sin excesivo reparo los retoques, añadidos y movimientos:

En general nosaltres els dracs anem sempre tots a la una, i jo no us hauria de confiar res... però vosaltres m’heu ajudat, i en canvi els dracs del País de l’Aflicció —car Kummerland significa això, precisament— sempre ens han avorrit a nosaltres, els mig dracs, i no ens hi deixen entrar. Us faré costat, doncs, per fastiguejar-los.2

Es decir, Carme Serrallonga mantiene la eficacia expresiva del original (Lummerland frente a Kummerland) pero cuando es relevante para la trama aclara el sentido del topónimo: los dragones de Kummerland pasan a ser los dragones del País de la Aflicción, pues Kummerland significa precisamente eso. Como siempre, el camino más corto a la fidelidad es la línea curva.

El lector quizá se pregunte por qué no llamarlos simplemente el País del Ensueño y el País de la Aflicción, por ejemplo. (Son muchos los países imaginarios y paralelos que se llaman cosas raras. En recuerdo del bueno pero pavisoso rey de Lummerland citaré aquí solo a los reinos de Quarts-de-quinze y No-són-les-tres, de La rosa de sant Jordi, de Joles Sennell). La respuesta es que la trama nos lo impide: si Jim vive en la minúscula isla de Lucas es porque los trece salvajes escribieron fatal la dirección de la dragona Maldiente y el cartero tuvo que descifrar XuMMRlANT como mejor pudo, confundiendo Lummerland con Kummerland. En la versión italiana también se ha resuelto bien: creando dos topónimos a la vez significativos y relativamente confundibles como Dormolandia y Dolorandia.

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  • (1) Jim Botón y Lucas el maquinista, traducción de Adriana Matons, Noguer, Barcelona, 200417, p. 144. volver
  • (2) En Jim Botó i en Lluc el maquinista, traducción de Carme Serrallonga, La Galera, Barcelona, 1983, p. 146. . volver
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