Traductología
Por Pablo Moíño Sánchez
El número 23 de la Bibliothèque Oulipienne (vol. 2, Paris: Ramsay, 1987) está dedicado a Georges Perec. Entre otros homenajes, estudios y souviens de sus compañeros para el amigo disparu, encontramos allí un poema manuscrito, firmado por Luc Étienne, que tiene como motivo el palíndromo «Ce repère, Perec», algo así como «Perec, esa referencia», «Perec, ese hito» o, mejor aún, «Perec, esa señal» o «Perec, esa marca», con toda la polisemia que requiere el autor de W o el recuerdo de la infancia.
A partir de estas trece letras, Étienne escribe una composición poética de trece alejandrinos doblemente acrósticos (por delante y por detrás): «Ce roman, c’est hier qu’il a fait un tabaC / Et déjà disparaît l’auteur, esprit sincèrE…», etc. El último verso vuelve al palíndromo que da título al poema («CE REPÈRE, à travers nos larmes, c’est PEREC»), de modo que toda la composición queda encerrada en esa frase.
Acompaña al poema un estudio titulado «Unicidad de algunas creaciones oulipianas», donde Étienne expone las contraintes seguidas para escribir su texto y a continuación señala que, si cualquier otro oulipiano se hubiera propuesto buscar un palíndromo similar a partir de las mismas reglas, habría llegado necesariamente al mismo punto. Dicho de otro modo: la solución era única y se trataba de descifrarla.
La frase no es una boutade y Étienne lo prueba en una nota al pie. En efecto: Italo Calvino, a quien los oulipianos franceses habían enviado el problema, contesta desde Roma, el 5 de febrero de 1983, con el mismo palíndromo, coma incluida. Y en esa carta, el autor de Si una noche de invierno un viajero afirma que «una auténtica obra de arte, poema, escultura, melodía, es una forma ideal que preexiste en las posibilidades de la lengua, del mármol, de las notas, y que el artista descubre como se descubre un teorema». Más adelante, Étienne compara al autor de la obra sujeta a trabas con un arqueólogo que desentierra la estatua griega y que no es responsable ni de su perfección ni de sus imperfecciones.
¿Cómo traduciríamos el «Ce repère, Perec» a nuestro idioma? Antes de ponernos a ello conviene repasar las reglas seguidas por el primer descubridor: se trata de un palíndromo monovocálico que, alternando consonantes y vocales, solo permite utilizar las letras del apellido de Perec («contrainte de Perec»). Étienne no lo dice, pero Perec era muy aficionado a regalar a sus amigos estos beaux présents, es decir, textos que solamente contienen las letras del nombre de la persona homenajeada.
Manos a la obra, pues. Según las reglas, no valen crecer o creer; sí perecer, término muy apropiado en estas circunstancias y que además contiene el nombre de Perec en su interior. Lo malo viene cuando le damos la vuelta; a menos que establezcamos como eje de simetría la letra c, encontrar palabras que cumplan con las condiciones es sumamente difícil. Podría esbozarse un tímido «Perece: R.E.P.», pero el acrónimo francés para Descanse En Paz (Repose En Paix) no es muy reconocible para el hispanohablante (sí D.E.P., sí R.I.P., pero no R.E.P.). Además, los trece versos iniciales quedan reducidos a nueve, lo que plantea un nuevo problema.
¿Y si lo pensamos de otro modo? La E de Perec es también, entre otras cosas, un homenaje al lipograma La Disparition, traducido a nuestro idioma como El secuestro, sin la A. Por otro lado, el lector que conozca la bibliografía oulipiana sabrá que Perec firmó como Gargas Parac su monovocalismo en A «What a man!». Esas dos circunstancias nos bastan —creo— para ensayar una traducción o redescubrimiento del palíndromo perequiano que no quita ni pone una sola consonante: «Cara para Parac». Y que además conserva la polisemia del original: la muerte ha sido costosa para él, que tanto habría amado esta ofrenda de sus compañeros…