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Martes, 17 de agosto de 2010

El Trujamán. Revista diaria de traducción

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Autores s. xx

Flirteos con la traición

Por Mariano Antolín Rato

Decía en una reseña del libro If this Be Treason: Translation and Its Discontents, de Gregory Rabassa: «Los traductores, por definición, son unos héroes invisibles. Una traducción chapucera puede destrozar hasta la prosa y el verso más nobles. Sin embargo, si el resultado es bueno, la gloria recae en el creador, no en el intérprete. Y mientras a un escritor se le celebra que pase por alto ciertas reglas o rompa cánones estéticos, a un traductor se le reprochan tales audacias». A lo que Rabassa ya había respondido en su libro: «Hacer eso sería traición».

Gregory Rabassa es el traductor al inglés, entre otros muchos, de Cortázar, Vargas Llosa, Jorge Amado, Juan Goytisolo, Juan Benet y García Márquez —este último escribió de él: «Rabassa es el mejor escritor latinoamericano en inglés»—. Y su libro de recuerdos, publicado por New Directions, en 2005, constituye una apasionante alabanza y celebración de la musicalidad del lenguaje y del desafío que supone conseguir que algo que está escrito bella o contundentemente en un idioma cante en el otro con la misma armonía o disonancia. Con todo, no he conseguido que los editores españoles a quienes en su día propuse su publicación, dieran el sí. Consideraron que sólo tendría interés para los profesionales o interesados por la traducción.

Yo creo que se equivocan, pero mis opiniones al respecto suelen contar poco. Aunque a veces, algo, es cierto. Se ha dado el caso de libros que he propuesto a editoriales, decidieron publicarlos y me encargaron su traducción. Y luego, como a veces firmo con otros nombres, en algún diario me encargaron la reseña. A esto último siempre me negué. La endogamia tiene sus límites, ¿no?

Recomiendo, pues, el libro de Gregory Rabassa que, en absoluto se pierde en minucias sobre gramática comparativa, de construcción o semiótica. Consiste en observaciones agudas sobre los autores que ha traducido, algunos problemas concretos que se le plantearon al verterlos al inglés; y también sobre la posibilidad de enseñanza del oficio —Rabassa es profesor de Filología Románica y Literatura Comparada, en el Queens College, de Nueva York—. Con respecto a esto último escribe: «Los talleres de traducción han brotado sin cesar en el mundo académico, convirtiendo ese asunto en un elemento favorito de estudios destinados a buscar una teoría del oficio. Y eso que me divierte la idea de que haya una teoría referida a algo que yo hago de un modo completamente ateórico». (Las apresuradas versiones incluidas son mías, así que mis disculpas a Rabassa, uno de los maestros contemporáneos, por si se considera traicionado).

Con todo, mi interés por Rabassa se remonta a mucho atrás. A una vez que leí una entrevista en la que declaraba que él no leía antes los libros que iba a traducir. Era algo que se oponía a las normas generalmente aceptadas de que un traductor es preciso que conozca de comienzo a fin el texto que va a abordar. Y que resultaba que coincidía con lo que me pasaba a mí con bastante frecuencia. Y no sólo con respecto a libros que se traducen exclusivamente por motivos alimentarios y casi no exigirán consultas a los diccionarios o a los amigos que viven en los ambientes retratados y, por tanto, comparten ciertos modismos y jergas especiales que se dan a ellos. Es una cuestión de interés por lo que va a pasar después y que, posteriormente, exige muchas correcciones, vueltas atrás y, en definitiva, una revisión incluso en pruebas. Pero claro, a lo mejor eso sólo nos pasa a los que traducimos dejando de lado las teorías.

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