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Sobre El trujamán

El trujamán
Jueves, 7 de agosto de 2003


Cómo 11 de Septiembre no significa September 11
o
El arte de leer lo que no está escrito en ningún lugar

Por Fernando Sorrentino

Al noreste de la ciudad de Buenos Aires se alza el barrio de Belgrano. En él, entre otras muchas calles, corren dos, paralelas y casi gemelas, cuyos nombres recuerdan fechas de batallas de las guerras civiles argentinas: 3 de Febrero y 11 de Septiembre. Estas calles y sus nombres existen, digamos, desde siempre: son anteriores a mi nacimiento y, si algún funcionario imbécil no las rebautiza, me sobrevivirán tal cual.

Cierta vez escribí un cuento titulado «La Corrección de los corderos». En tal ficción, un escarnecido traductor es vengado, gracias a los buenos oficios de cincuenta corderos carnívoros, de los abusos cometidos por un desconsiderado editor, que no le paga en tiempo y forma las traducciones que aquél había realizado. El editor carga con el nombre de Nefario y vive en la calle 11 de Septiembre; los cincuenta corderos lo asesinan y lo devoran, y el protagonista —no por trujamán menos rencoroso— se siente vindicto, satisfecho, reconfortado y agradecido a los corderos. Aquí termina el cuento.

Traducido al inglés por Gustavo Artiles y Alex Patterson con el título de «Chastisement by the Lambs», fue publicado en la revista virtual londinense East of the Web (http://www.eastoftheweb.com/).

En el costado izquierdo del texto es posible abrir una ventana que registra los anónimos comments de los no menos anónimos lectores. Yo la he abierto, y trataré de poner en español unos pocos pasajes de los que allí aparecen en inglés.

Las glosas se desencadenan cuando, el 13 de marzo de 2003, un lector formula la hamletiana pregunta

Why September 11 Street?

Sin que transcurriese ni siquiera un día, obtuvo esta respuesta:

Creo que el nombre de la calle donde vive Nefario se llama 11 de Septiembre por una razón. Si se observa con cuidado el simbolismo de los personajes del cuento, esto encaja bien. Lo que quiero decir es que yo pienso que el cuento fue escrito con el mensaje de que George W. Bush y los Estados Unidos recibieron lo que merecían con los ataques terroristas. Nefario representa a Bush, o simplemente a cualquier norteamericano ignorante, pagado de sí mismo y rico, y su mujer simboliza a los países que apoyan a Bush en su declaración de guerra al terrorismo, principalmente el Reino Unido y/o Tony Blair. Los corderos representan los ataques, pero no los terroristas. En tal sentido, ellos son neutrales; ni buenos ni malos, son simplemente el destino que le espera a toda la gente codiciosa. Y el narrador representa todos los países pequeños que han sido castigados por la mano de Bush. Si el cuento no fue escrito con esta intención, lo encuentro, en tal caso, en extremo coincidente (...).

Pero los escolios no concluyen aquí, pues el 6 de abril llega este nuevo aporte:

Sólo quería agregar algo al comentario anterior de que Nefario simboliza a Bush, al gobierno de Estados Unidos, etc. Observo que el cuento específicamente dice que los corderos que participan en el castigo son cincuenta, número que, por supuesto, es el mismo de los Estados Unidos. Entonces, si quisiéramos interpretar esto como un mensaje antiBush, yo propondría que el mensaje no consiste en que nosotros seremos atacados por el resto del mundo, sino que los norteamericanos tolerarán la codicia, las mentiras y la desinformación de su gobierno/presidente por sólo cierto tiempo. (...) Pero yo diría que [el cuento] es una buena pieza, especialmente en el contexto de la interpretación del 11 de septiembre.

Según parece, los atentados terroristas ocurrieron el 11 de septiembre de 2001. Y, si yo no escribo bajo los efectos de algún alucinógeno, puedo afirmar que «La Corrección de los Corderos» se publicó por primera vez el domingo 30 de septiembre de 1979 en el suplemento cultural del diario La Nación, de Buenos Aires, y fue luego incluido en el volumen En defensa propia (Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982, págs. 59-65). Es decir, con una antelación de casi un cuarto de siglo.

De manera que, al traducir erróneamente cierto 11 de Septiembre por otro cierto September 11 que ninguna relación tiene con aquél, ambos exegetas anglófonos han logrado la hazaña de leer lo que no está escrito en ninguna parte.

 


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