POESÍA
Por Ramón Buenaventura
Supongamos que fuera posible inventar un logocalímetro y que se vendiera baratito y que pudiéramos pagárnoslo, al contado o a plazos, los escritores y traductores. (¿Qué sería un logocalímetro? Más o menos: un medidor de la belleza lingüística, un modo de saber seguro qué tan hermosa es una palabra, cómo de linda nos ha quedado una frase, etc.) ¿Para qué nos serviría un logocalímetro? A los escritores, por ejemplo, para incrementar o reducir la hermosura de nuestras palabras cuando el contenido de un texto así lo requiriera. Si pretendemos transmitir una impresión de grosería al lector, poco eficaz será que lo hagamos en palabras bellas. Al revés, si queremos pasar finura, difícil será que lo logremos a base de voquibles infectos. Salvo caso de genialidad, claro.
A los traductores, nos serviría para comparar bellezas y, así, calibrar si nuestra traducción está a la altura o bajura estética del original. No es asunto baladí: la belleza es ingrediente formidable en la comunicación oral y escrita, incluidas no solo las artes (literatura, oratoria, seducción), sino también las técnicas (publicidad, promoción, ligoteo). Si damos de una frase bella en otro idioma una versión fea o pche en castellano, estaremos traicionando al autor, al lector y al texto; pero igualar el nivel puede resultar tarea muy ardua, cuando no imposible.
Voy a poner un ejemplo elemental. Nadie en su sano gusto negará que este primer verso de un soneto de Shakespeare es un puñetazo de belleza:
Shall I compare thee to a Summer's day?
Los acentos bailan como bailan en Píndaro (solo que en más isabelino) (perdonen lo rebuscado del ejemplo: Píndaro es el poeta más bailón que conozco, de veras), la caída en Summer’s anuncia la imagen sin construirla, el sonido inventa músicas. En el blog Quién y qué, en medio del infierno, no es infierno se nos ofrecen siete traducciones distintas:
- ¿Te voy a comparar a un día de verano? (D. L. G., autor del blog).
- ¿A un día de verano habré de compararte? (Agustín García Calvo).
- ¿A un día de verano compararte? (Manuel Mujica Laínez).
- ¿Debo compararte a un día de verano? (Pablo Mañé).
- ¿Deberé compararte a un día de verano? (Gustavo Falaquera).
- ¿Deberé compararte a uno de esos días cuando ya muere la Primavera? (José María Álvarez).
- ¿He de compararte a un día de estío? (Antonio Rivero Taravillo).
Si el logocalímetro nos diera 9/10 para el inglés, ¿cuánto nos daría para cada uno de los diversos intentos de traducción al castellano? Sin aparato medidor, la calificación queda sometida al gusto y la simpatía o la arrogancia de cada cual. Yo no logro preferir ninguna de ellas. José María Álvarez, seguramente, preferirá la suya. Humano. (Sigue).