POESÍA
Por Annalaura Federico
Todas las artes tienden a la condición de la música tal vez porque en ellas el contenido es la forma.
Jorge Luis Borges
Me gustaría hacer hincapié en la capital importancia que reviste en la traducción literaria el aspecto sonoro del lenguaje y plantear en qué sentido podemos decir que la traducción de un poema, debido a la dificultad que implica la recreación de su aspecto musical, es parecida a la solución de un problema matemático.
En su brillante obra, titulada Matemática tiniebla,1 Marí dedica su investigación a las ideas estéticas, literarias y musicales imperantes en los siglos xviii y xix y centra su análisis no sólo en señalar la magnitud de la figura de Edgar Allan Poe como poeta y teórico de la literatura, sino también en subrayar su innegable influencia en la literatura francesa de la época, y muy particularmente, en autores como Baudelaire, Mallarmé y Valéry, quienes, a la par del poeta norteamericano, en lugar de elegir las palabras por la adecuación de su sentido, las elegían por su sonoridad.
Para Poe la música es esencia sin forma, puesto que la música no requiere hablar sobre las cosas, sino que es ella la que habla de la esencia de las mismas. Es decir, para Poe, el ritmo y la entonación sin sentido poseen una fuerza insistente y el contenido aparece después de la forma.
A este propósito, me parece verdaderamente interesante la opinión del nobel de literatura, el poeta y traductor sueco Tomas Tranströmer, quien, en su reflexión acerca de la traducción poética, entrevé dos posibilidades. La primera depende de si la poesía, en la precisión de su estructura lingüística, representa un sentimiento o un movimiento del alma. En este caso, cada traducción estaría inevitablemente abocada al fracaso, porque el sentimiento está esculpido en el idioma en el cual ha nacido y ha sido escrito; es la pura esencia de éste.
La segunda posibilidad, radica en que la estructura lingüística en la cual el poema está expresado no es sino una imagen, la sombra, el reflejo de algo, una suerte de vestido que encubre algo más hondo, más profundo, independiente del lenguaje que lo expresa. Entonces, el uso de un idioma en lugar de otro se volvería absolutamente indiferente. En otras palabras, en este segundo caso, las lenguas serían barreras superables, puesto que se trataría de expresar ese algo que subyace al lenguaje, ese reflejo, en modalidades distintas.
La poesía, en su esencia, no es traducción a un lenguaje comprensible, puesto que la poesía es lo que está detrás del mismo, lo que se deja entrever una vez eliminado el obstáculo del lenguaje. Esta característica, pone de manifiesto una cierta similitud entre el lenguaje poético y el lenguaje matemático. En este último, fórmulas, ecuaciones, teoremas, son, tal y como ocurre para el lenguaje poético, formas exteriores de algo más profundo, de conceptos que raramente emergen a la superficie.
El lenguaje poético es pues un «reflejo», un «vestido», tal como el lenguaje ordinario lo es para el lenguaje matemático.