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Viernes, 29 de abril de 2011

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Traductología

De la fluidez (II)

Por Juan de Sola

Decíamos el otro día que el estilo literario, o, para ser más precisos, los estilos literarios son precisamente las desviaciones de esa norma natural que caracterizan y singularizan la escritura de cada autor en particular. (Recuérdese la etimología de la palabra estilo, del latín stilus, que a su vez procede del griego στῦλος, y, según el DRAE, designa el «punzón con el cual escribían los antiguos en tablas enceradas»). Hay estilos que se desvían mucho, y otros más reacios a renunciar a su apego a la norma; los hay que miran hacia fuera y visitan otras tradiciones, y los hay que miran hacia dentro, pasan revista y hasta deconstruyen la propia tradición. Si la tradición natural de una lengua es un río, hay autores que amplían su caudal, otros que construyen una presa, los hay también que lo cruzan a nado, o de un salto, o que levantan un puente que otros derriban nada más llegar; por haber, los hay que hasta se suben a un flotador y se dejan llevar por la corriente, o que, sin saber cómo, acaban metidos en una ciénaga, o naufragando en el mar. Ortega, en el celebérrimo ensayo titulado «Miseria y esplendor de la traducción» (1937), lo sugería con más tino: «Escribir bien consiste en hacer continuamente pequeñas erosiones a la gramática, al uso establecido, a la norma vigente de la lengua. Es un acto de rebeldía permanente contra el contorno social, una subversión. Escribir bien implica cierto radical denuedo».1 Ya volveremos sobre ello.

De momento nos interesa retener la primera provocación: la fluidez en tanto naturalidad es lo contrario de la voluntad de estilo. Este párrafo del «Numa» de Juan Benet, por ejemplo, es todo salvo natural o espontáneo, y sin embargo nadie en su sano juicio osará afirmar que carece de cierta fluidez:

Se preguntaba en ocasiones si un cambio tan inesperado en el clima tendría necesariamente que dar lugar a una modificación de sus hábitos, convirtiendo en temporadas de ocio las que antiguamente le exigían mayor esfuerzo y cancelando las pequeñas migraciones que dentro del territorio encomendado a su custodia se veía obligado a llevar a cabo, con la precisión y puntualidad del instinto, para acompañar los cambios del tiempo y acomodar su existencia a las ventajas e inconvenientes de las diversas estaciones.2

Jugamos con ventaja. Tenemos el libro delante. Sabemos que el autor se llama Juan y se apellida Benet Goitia, que nació en Madrid y que, salvo algunas páginas en inglés,3 escribió toda su obra en castellano. Entendemos, pues, esa desviación de la norma —el uso, con perdón, de la hipotaxis, la escasez de pausas y signos de puntuación, etc.— como una «subversión», como la expresión de una férrea voluntad de estilo. Y la toleramos porque está hecha desde dentro del sistema lingüístico y literario español. Pero ¿y si se tratara de una traducción?

Paso a paso.

Se diría que este fragmento de Benet tiene un eco inequívocamente manniano, hasta el punto de que un vistazo a la traducción alemana de «Numa» parece confirmárnoslo:

Er fragte sich zuweilen, ob ein so unerwarteter Klimawechsel notwendigerweise auch eine Veränderung seiner Gewohnheiten mit sich bringen müβte, indem sich in eine Zeit der Muβe verwandelte, was ihm früher höchste Anstrengungen abverlangt hatte, und die kleinen Wanderungen unnötig wurden, die er sonst in dem seiner Obhut anvertrauten Gebiet hatte durchführen müssen, mit der Genauigkeit und Zuverlässigket des Instinkts, um die Veränderungen des Wetters mitzumachen und sein Dasein den Vorzügen und Unannehmlichkeiten der verschiedenen Jahreszeiten anzupassen.4

Convencidos como estábamos de que sobre toda traducción pesa una sospecha, de que las traducciones son (se consideran) hijas bastardas y formas vicarias de un original inmaculado, decidimos hacer un experimento. Nos inventamos un autor alemán (Gerschom Schimelpfennig, Berlín, 1893–París, 1938) y mandamos a cuatro editores (y amigos) una muestra de cinco páginas en Word del «Numa» de Benet, acompañada de la correspondiente fotocopia del falso original alemán. Les dijimos que una amiga nuestra, profesora e investigadora, había traducido uno de sus libros (de Schimmelpfennig, se entiende) y que lo estaba moviendo para su posible publicación en España. Leyeron el fragmento con atención, como de costumbre, y contestaron enseguida (eso es más raro).

Próximamente se lo contaremos. Se sorprenderán de cuál fue la reacción.

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  • (1) José Ortega y Gasset, «Miseria y esplendor de la traducción», en Obras completas, vol. 5, Madrid, Alianza Editorial/Revista de Occidente, 1983, p. 434. volver
  • (2) Juan Benet, «Numa», en Cuentos Completos, I, Madrid, Alianza, 1995, p. 238. volver
  • (3) Véase, a este respecto, el ejemplo paradigmático de «Una línea incompleta», en Cuentos, II, Madrid, Alianza, 1995, pp. 39-49. volver
  • (4) Juan Benet, Ein Grabmal/Numa, Fráncfort, Suhrkamp, 1989, pp. 55-56. Traducción de Gerhard Poppenberg. volver
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