Cuando las chinas toman mate, Marco
Polo se equivoca (II)
Por Fernando SorrentinoCuando las chinas toman
mate... (I)
Un Marco
Polo anglosajón en la Catay rioplatense
Marco Polo llamaba Catay al enorme territorio asiático que concluye en el Pacífico, pero
todos confiamos en que realmente se llama China, y chinos y chinas son, según sus sexos,
los naturales de tan desaforado país.
El trujamán «Cuando
las chinas toman mate, Marco Polo se equivoca (I)» pretende brindar alguna
orientación sobre el significado del término china en las provincias del Plata.
Definidos esos hechos, y sabiendo que, en el
siglo XIX y en la llanura de Buenos Aires, encontrar un chino de Catay era casi tan
difícil como encontrar hoy en Estados Unidos un bidet, recordemos que nuestro amigo
norteamericano Norman Thomas di Giovanni («El cuento
de Borges sobre el cuento de Borges») tradujo al inglés una parte muy
considerable de la obra del maravilloso escritor.
Por las razones que sean, mucho tiempo más tarde
su compatriota el académico Andrew Hurley publicó su propia versión inglesa de los
cuentos de Borges, que tituló Collected Fictions (Nueva York, 1998). Yo no he
podido ver este libro, pero...
El adverso hado de Hurley determinó que, entre
los más de seis mil millones de seres humanos que viven sobre la faz del planeta Tierra,
fuera el mismísimo di Giovanni, y no otro, el reseñador de los méritos de tal
traducción. El artículo se titula «A Bad Translation»1, y su lectura me ha inspirado la idea de instituir
un concurso: premiar con una elevada recompensa a quien halle en esas páginas un solo e
ínfimo elogio hacia la labor del traductor.
Merced a esas loas me he enterado de algo que los
lectores juzgarán:
One of his notes [las de Hurley] betrays his
innocence. Claiming that in Hispanic culture ethnic and racial denominations are often
used as terms of endearment, he gives as an example the words chino/china,
believing these to be Spanish for Chinaman/Chinawoman. In fact, in the
Argentine context china is a Quechua word that originally meant a female animal and
eventually came to mean a gauchos woman. In this sense, there is no male equivalent,
and the word chino simply does not exist.2
1. The Literary Review,
Londres, febrero de 1999. 
2. Una de estas notas delata la ingenuidad de Hurley. Al afirmar que, en
la cultura hispánica, las denominaciones étnicas y raciales se emplean con frecuencia
como términos afectuosos, da como ejemplo las palabras chino/china, creyendo que
ésos son los vocablos españoles que se refieren a nativo o nativa de la
China. En rigor, en el contexto argentino china es una palabra quechua que
en sus orígenes significó un animal hembra y, con el tiempo, vino a significar la mujer
del gaucho. En este sentido, no hay equivalente masculino, y la palabra chino simplemente
no existe.  |