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 [E. Pacho, 1967; 1969a; 1981; 1988a; 1998]

 

El «poema primitivo»: estrofas 1-31
Las series estróficas 32-34, 35-39
La Declaración de las canciones en prosa

 

La redacción del Cántico espiritual, uno de los denominados poemas mayores —conjunto integrado, además, por la Noche oscura y la Llama de amor viva— y el más famoso de los compuestos por Fray Juan de la Cruz, no se produjo de golpe, sino que se fraguó en diferentes fases, no siempre bien determinadas desde el punto de vista cronológico.


El «poema primitivo»: estrofas 1-31
[E. Pacho, 1981: 14-36]

Según la tradición, confirmada por las deposiciones de ciertos testigos [6], en su huida de la cárcel toledana, en agosto de 1578, en la octava de la Asunción, el santo logró salvar un cuadernillo de poesías, compuestas por él mismo durante su cautiverio, que, lamentablemente, desapareció con los avatares del tiempo. En él se recogían los Romances, el poema de la Fonte y un primer núcleo del Cántico espiritual, que abarcaba desde la primera estrofa hasta la 31 del poema completo («¡Oh ninfas de Judea!»), como se deduce de las declaraciones de la Madre Magdalena del Espíritu Santo, quien ofrece un precioso testimonio de su contenido:

Sacó el Santo Padre, cuando salió de la cárcel, un cuaderno que, estando en ella, había escrito de unos romances sobre el Evangelio In principio erat Verbum, y unas coplas que dicen: «Que bien sé yo la fonte que mana y corre aunque es de noche», y las canciones o liras que dicen: «¿Adónde te escondiste?», hasta la que dice: «¡Oh ninfas de Judea!». Lo demás compuso el Santo estando después por Rector del Colegio de Baeza. Y las Declaraciones, algunas hizo en Beas, respondiendo a preguntas que las religiosas le hacían, y otras en Granada. Este cuaderno que el Santo escribió en la cárcel, le dejó en el convento de Beas, y a mí me mandaron trasladarle algunas veces. Después me le llevaron de la celda, y no supe quién. [7]

Así, pues, en Toledo, a consecuencia de la crisis existencial y mística experimentada por el santo durante el encierro de nueve meses en la prisión conventual, se produjo una especie de explosión poética [E. Pacho, 1969a: 99-150] en la que cristalizaron las primeras canciones que constituyen el primitivo Cántico espiritual, o «protocántico», como también se le conoce.


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Las series estróficas 32-34, 35-39
[E. Pacho, 1981: 45-61]

Con posterioridad a este bloque poético primigenio que engloba hasta la estrofa 31, la redacción del Cántico se completó mediante la adición de dos series estróficas ordenadas: una primera que comprende las estrofas 32, 33 y 34, y otra segunda que incluye las 35, 36, 37, 38 y 39, sin que sea posible establecer con plena garantía ni la fecha ni el lugar de composición de ambos subconjuntos. [8]

Con relación a las tres primeras, se ha apuntado la posibilidad de que surgieran durante la estancia del santo en el Calvario, de octubre de 1578 a junio de 1579, o en Baeza y Granada, desde 1579 a 1583. En cuanto a las cinco últimas canciones, a partir de las deposiciones de los procesos y de otras fuentes, se han propuesto como probables las localidades de Baeza y Granada, y esta última ciudad en el periodo comprendido entre 1582 y 1584. Así, en la declaración procesal ordinaria de Beas, Francisca de la Madre de Dios informa de que

preguntándola un día el Santo en qué traía la oración, ella le dijo que en mirar la hermosura de Dios y gozarse el que la tuviese. Y el Santo se alegró tanto de esto que por algunos días decía cosas muy levantadas que admiraban de la hermosura de Dios. Y así, llevado de este amor, hizo unas cinco canciones a este tiempo sobre esto, que comienzan: «Gocémonos, Amado, y vámonos a ver en tu hermosura, etc.». Fue este lance al parecer una quaresma que vino el Santo a aquel convento siendo prior de Granada. (Fray Andrés de la Encarnación, BNM, ms. 13.482, f. 23r [M.ª J. Mancho et al., 1993, vol. I: 72].)

En definitiva, en unos momentos no bien delimitados cronológicamente, San Juan acopla los dos grupos estróficos a las liras compuestas en la cárcel y conforma un todo poético concluso.


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La Declaración de las canciones en prosa
[E. Pacho, 1981: 61-89]

Desde 1578, etapa en la que San Juan de la Cruz se restablecía física y espiritualmente en su retiro jienense de Beas, para satisfacer las preguntas de los primeros lectores de sus poemas, especialmente las de sus hijas espirituales, a las cuales resultaban particularmente enigmáticos, no sólo comentaba oralmente sus versos, sino que, como director espiritual, les dedicaba cortas glosas escritas de su puño y letra para aclarar su sentido recóndito, celado por la cobertura simbólica que los envolvía. Es bastante probable que estas declaraciones germinales se fueran engrosando y modelando hasta conformar un núcleo susceptible de sistematización en forma de libro.

Fue la insistente solicitud de la M. Ana de Jesús, por entonces priora del convento de San José de Granada y a quien le ligaba estrecha amistad, la que acabó de decidirle a redactar los comentarios en prosa, dedicados a ella, que aparecieron, englobando el poema, como una obra total y acabada, en 1584, bajo el siguiente título: Declaración de las canciones que tratan de el exercicio de amor entre el alma y el Esposo Christo, en la qual se tocan y declaran algunos punctos y effectos de oración, a petición de la madre Anna de Jesús, priora de las Descalças, en Sant Joseph de Granada. Año de 1584 años. [9] Surge, de este modo, la primera redacción del Cántico espiritual, «texto primitivo», o CA, confirmada por deposiciones de testigos. [10]

A partir de este original, realizado en formato de cuadernillos sueltos, se difundieron temprana y rápidamente las copias a petición de los frailes y monjas del Carmelo Descalzo, actividad que se prolongó de manera ininterrumpida durante mucho tiempo y que explica la proliferación de errores de copistas y de variantes más o menos intencionadas que han enmarañado el proceso de transmisión textual [E. Pacho, 1981: 91-121; 1988a].

Si bien los cuadernos originales se perdieron, afortunadamente se ha salvaguardado un ejemplar con correcciones y notas autógrafas del santo, el manuscrito S, custodiado por las MM. Carmelitas Descalzas de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), en el que figura una anotación firmada por el propio autor, que se ha hecho famosa en la crítica sanjuanista: «Este libro es el borrador de que ya se sacó en limpio». Este códice representa la cabeza de la familia de manuscritos representada por las siglas CA y constituye la base de dos ediciones antiguas: una de 1622 (París) y otra de 1627 (Bruselas) [E. Pacho, 1981: 121]. [11]

Existen, además, otras dos familias de manuscritos, CA’ y CB, que transmiten la obra completa (el prólogo, el poema de treinta y nueve o cuarenta estrofas y las respectivas glosas en prosa). Las variaciones de CA’, denominado «texto revisado» [E. Pacho, 1981:121-151], con relación al «texto primitivo» no afectan, en sí mismas, a los versos de las treinta y nueve canciones de CA, que permanecen prácticamente inalterados. [12] Tanto si fueron introducidas por el propio San Juan como por otro copista, se aplican a la prosa y se concretan en la eliminación de las citas latinas —modo de alegación bíblica uniforme en la tradición CA— hasta la canción 13 y, en consecuencia, en la supresión de las frases de enlace con sus respectivas traducciones, en la presencia de abundantes retoques gramaticales, estilísticos y literarios así como de numerosas variantes formales, y en la inserción de síntesis recurrentes en las Declaraciones en prosa.

En la versión de CB, sin embargo, se producen cambios sensibles que repercuten tanto en la poesía como en la prosa [E. Pacho, 1998: 31-75]. Por lo que respecta al poema, se mantienen intactas las catorce canciones primeras, pero se intercala una nueva, situada detrás de la décima, la famosa y controvertida estrofa 11:

Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la dolencia y la figura.

En consecuencia, el número global de las canciones asciende a cuarenta. Además, se ha modificado profundamente la ordenación de las siguientes (desde la 15 hasta la 40). Los cambios afectan de modo particular al sentido general de las últimas cinco estrofas y al de las liras que versan sobre el «desposorio» y el «matrimonio» espirituales, pues un subconjunto estrófico de cuatro elementos sucesivos que en la versión CA se referían al matrimonio pasa a situarse en el estadio del desposorio en CB (29-30-31-32 → 18-19-20-21); por el contrario, otro grupo de diez relativos al desposorio en CA van a insertarse en el estado del matrimonio en CB (15-24 → 24-33).

Por lo que respecta a la prosa, el «texto definitivo» (CB) lleva a cabo una reelaboración profunda de las Declaraciones, realizada a partir de temas y cuestiones desarrollados por San Juan de la Cruz en escritos y obras posteriores a la redacción de CA [E. Pacho, 1998: 77-114]. En efecto, se mantiene el núcleo del CA al que se le han añadido y ampliado las anotaciones del manuscrito de Sanlúcar de Barrameda, que funcionan como cañamazo para la composición de CB. Asimismo, se han integrado aportaciones importantes provenientes de la Llama de amor viva, entre las cuales destacan las relativas a aspectos de la catarsis de la Noche oscura. Finalmente, se han insertado elementos provenientes del apócrifo tomista De beatitudine, también presente en la Noche y la Llama.

Como rasgos estructurales específicos de la redacción CB hay que mencionar el acoplamiento de una «anotación» que precede a la mayor parte de las estrofas y que sirve de enlace entre ellas, la incorporación de un breve «argumento» al final del poema y, por último, la adición de nuevos párrafos en algunas Declaraciones, con lo que el texto resulta considerablemente ampliado [M. A. Díez, 1999]. Para los modernos y minuciosos editores de esta versión [E. Pacho, 1998: parte II], se confirmaría inequívocamente la paternidad sanjuanista de este texto, que trataría de reorganizar el esquema doctrinal del CA para ajustar el contenido al propuesto en las demás obras. Otros críticos, con todo, sostienen una postura divergente respecto a la autenticidad tanto de esta versión como la de CA’ [P. Elia, 1999a: 25-30].

La versión CA’, considerada auténtica por Jerónimo de San José en el siglo XVII y que sirvió de base a las ediciones híbridas —por ofrecer cuarenta estrofas— de Roma (1627), Madrid (1630) y Colonia (1639), fue sustituida por el CB en la edición sevillana de 1703 [E. Pacho, 1981: 130-131]. A partir de esta fecha, experimentó un progresivo declive —no exento de llamativos altibajos en cuanto a la aceptación de la autenticidad sanjuanista [Ph. Chevallier 1930 y 1951; R. Duvivier, 1971]— que dejó paso a la primacía de la versión CB, el «texto definitivo», que ha sido públicamente reconocido, no sin soportar objeciones muy severas con respecto a cuestiones relacionadas con la autoría. En la actualidad comparte las preferencias de los especialistas con el primitivo CA, por el que parecen inclinarse literatos y lingüistas.

 

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