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5 |
Porque
son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas:
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva [1],
y verdes son las pupilas
de las hurís [*] del Profeta [2]. |
10
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El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera.
Entre sus siete colores
brillante el iris lo ostenta.
Las esmeraldas son verdes,
verde el color del que espera,
y las ondas del océano
y el laurel de los poetas. |
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15 |
Es tu
mejilla temprana
rosa de escarcha cubierta
en que el carmín de los pétalos
se ve al través de las perlas. |
20
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Y sin embargo,
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean:
pues no lo creas, |
25
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que
parecen sus pupilas [*]
húmedas, verdes e inquietas,
tempranas hojas de almendro
que al soplo del aire tiemblan. |
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30
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Es tu
boca de rubíes
purpúrea granada abierta
que en el estío convida
a apagar la sed con ella. [*] |
35
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Y sin embargo,
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean:
pues no lo creas, |
40
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que parecen, si
enojada
tus pupilas centellean,
las olas del mar que rompen
en las cantábricas peñas. |
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Es tu
frente que corona
crespo el oro en ancha trenza
nevada cumbre en que el día
su postrera luz refleja. |
45 |
Y sin embargo,
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean:
pues no lo creas, |
50 |
que
entre las rubias pestañas,
junto a las sienes, semejan
broches de esmeralda y oro
que un blanco armiño sujetan. |
55
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Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas:
quizás si negros o azules
se tornasen, lo sintieras. [*] |
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LG, p. 599.
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LG, p. 600. |
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Comentario temático de la rima El último poema recogido en el Libro
de los gorriones evita todo el patetismo sentimental que mostraban los dos
precedentes. Los ojos verdes se han asociado tradicionalmente a malicia o a carácter
traicionero. En Los ojos verdes, el montero se sobresalta cuando se menciona ese
color como el de los ojos de la extraña mujer que ha visto Fernando: «¡Líbreme Dios de
conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta esos lugares, me dijeron mil veces
que el espíritu, trasgo, demonio o mujer que habita en sus aguas tiene los ojos de ese
color» [Ojos, 130]. La rima, en consecuencia, tiene como finalidad galante
contrarrestar esa opinión.
Testimonios
de la rima
LG, pp. 599-600. O1, II, pp. 261-263. Tengo
noticias, desgraciadamente no confirmadas, de la existencia de un autógrafo inédito de
esta rima. Al tratarse del entorno de los descendientes de Julia Espín, pudiera pensarse
en una hoja arrancada de sus álbumes. Que Julia no tuviese los ojos verdes no me parece
objeción de peso. En cualquier caso, esto supondría la datación del poema en los años
en que se da la relación con los Espín. |
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| NOTAS: |
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1. Minerva es el nombre de una diosa romana que asimilará poco a poco
las características de la Atenea griega, es decir, va a ser una divinidad
fundamentalmente guerrera. Desconozco la fuente que le atribuya ojos verdes, al igual que
a las náyades o a las huríes. De hecho, Atenea es conocida como la diosa de ojos garzos,
esto es, azulados.  |
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2. Las
huríes, según el Islam, son las doncellas que acogen y deleitan en el paraíso a
los buenos musulmanes. Bécquer fuerza el plural en hurís obligado por la medida
del verso, aunque algo tiene que ver con ello la vacilación respecto de la forma francesa
hourí que muestra la corrección. La palabra no entra en el DRAE hasta
1884: «Cada una de las mujeres bellísimas creadas por la fantasía religiosa de los
musulmanes para compañeras de los bienaventurados en su paraíso». |
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