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Rimas, de Bécquer

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[79, XII]

Abreviaturas utilizadas







5
Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas:
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva [1],
y verdes son las pupilas
de las hurís [*] del Profeta [2].





10


El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera.
Entre sus siete colores
brillante el iris lo ostenta.
Las esmeraldas son verdes,
verde el color del que espera,
y las ondas del océano
y el laurel de los poetas.
            ———

15

Es tu mejilla temprana
rosa de escarcha cubierta
en que el carmín de los pétalos
se ve al través de las perlas.


20

            Y sin embargo,
            sé que te quejas
            porque tus ojos
            crees que la afean:
            pues no lo creas,


25

que parecen sus pupilas [*]
húmedas, verdes e inquietas,
tempranas hojas de almendro
que al soplo del aire tiemblan.
            ———



30

Es tu boca de rubíes
purpúrea granada abierta
que en el estío convida
a apagar la sed con ella. [*]




35

            Y sin embargo,
            sé que te quejas
            porque tus ojos
            crees que la afean:
            pues no lo creas,




40

que parecen, si enojada
tus pupilas centellean,
las olas del mar que rompen
en las cantábricas peñas.
            ———
Es tu frente que corona
crespo el oro en ancha trenza
nevada cumbre en que el día
su postrera luz refleja.

45

            Y sin embargo,
            sé que te quejas
            porque tus ojos
            crees que la afean:
            pues no lo creas,

50

que entre las rubias pestañas,
junto a las sienes, semejan
broches de esmeralda y oro
que un blanco armiño sujetan.



55


Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas:
quizás si negros o azules
se tornasen, lo sintieras. [*]

LG, p. 599

LG, p. 599.

LG, p. 600

LG, p. 600.



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Comentario temático de la rima

El último poema recogido en el Libro de los gorriones evita todo el patetismo sentimental que mostraban los dos precedentes. Los ojos verdes se han asociado tradicionalmente a malicia o a carácter traicionero. En Los ojos verdes, el montero se sobresalta cuando se menciona ese color como el de los ojos de la extraña mujer que ha visto Fernando: «¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta esos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio o mujer que habita en sus aguas tiene los ojos de ese color» [Ojos, 130]. La rima, en consecuencia, tiene como finalidad galante contrarrestar esa opinión.

Testimonios de la rima

LG, pp. 599-600. O1, II, pp. 261-263. Tengo noticias, desgraciadamente no confirmadas, de la existencia de un autógrafo inédito de esta rima. Al tratarse del entorno de los descendientes de Julia Espín, pudiera pensarse en una hoja arrancada de sus álbumes. Que Julia no tuviese los ojos verdes no me parece objeción de peso. En cualquier caso, esto supondría la datación del poema en los años en que se da la relación con los Espín.


NOTAS:

1. Minerva es el nombre de una diosa romana que asimilará poco a poco las características de la Atenea griega, es decir, va a ser una divinidad fundamentalmente guerrera. Desconozco la fuente que le atribuya ojos verdes, al igual que a las náyades o a las huríes. De hecho, Atenea es conocida como la diosa de ojos garzos, esto es, azulados. Arriba

2. Las huríes, según el Islam, son las doncellas que acogen y deleitan en el paraíso a los buenos musulmanes. Bécquer fuerza el plural en hurís obligado por la medida del verso, aunque algo tiene que ver con ello la vacilación respecto de la forma francesa hourí que muestra la corrección. La palabra no entra en el DRAE hasta 1884: «Cada una de las mujeres bellísimas creadas por la fantasía religiosa de los musulmanes para compañeras de los bienaventurados en su paraíso». Arriba
 
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