|
|
| |
En la imponente nave
del templo bizantino [1],
vi la gótica tumba a la indecisa
luz que temblaba en los pintados vidrios. |
5
|
Las manos sobre el pecho,
y en las manos un libro,
una mujer hermosa reposaba
sobre la urna, del cincel prodigio. |
10
|
Del cuerpo abandonado
al dulce peso hundido,
cual si de blanda pluma y raso fuera,
se plegaba su lecho de granito. |
15
|
De la sonrisa última [*]
el resplandor divino [*]
guardaba el rostro, como el cielo guarda [*]
del sol que muere el rayo fugitivo. [*]
|
20
|
Del cabezal de piedra
sentados en el filo,
dos ángeles, el dedo sobre el labio,
imponían silencio en el recinto. [*]
|
|
No parecía muerta:
de los arcos macizos
parecía dormir en la penumbra
y que en sueños veía el paraíso. [*]
|
25
|
Me acerqué de la nave
al ángulo sombrío
con el callado paso que llegamos [*]
junto a la cuna donde duerme un niño. [*] |
30
|
La contemplé un momento,
y aquel resplandor tibio,
aquel lecho de piedra que ofrecía
próximo al muro otro lugar vacío, [*]
|
35
|
en el alma avivaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte
para la que un instante son los siglos... [*]
..................................................
.................................................. |
40
|
Cansado del combate
en que luchando vivo,
alguna vez me acuerdo con envidia
de aquel rincón oscuro y escondido. [*]
|
|
De aquella muda y pálida
mujer me acuerdo y digo:
¡Oh, qué amor tan callado, el de la muerte!
¡Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo! [*] |
|

LG, p. 595.
|

LG, p. 596. |
|
|
Comentario temático de la rima Rodríguez Correa, en su prólogo a la
edición póstuma de las Obras, escribía: «En mi incompetencia, declaro que esta
composición última me parece una de las más perfectas en castellano, no sólo por su
vaguedad, misterio y dificultad de precisar claramente, sino por lo correcto y acabado de
la forma» [1871: XXXV]. Era
última solamente en la ordenación póstuma, y convenía al argumento ideal que habían
armado los editores con las rimas. El mismo Rodríguez Correa explica en el prólogo que,
tras los desengaños amorosos, en la rima 71 (LXXIII) se dará el
reencuentro con el «amor ideal, puro» de la religión y ahora, en la última «se
enamora de la estatua de un sepulcro, es decir, del arte, de la belleza ideal, que es el
póstumo amor, para siempre duradero, por lo mismo que nunca se ve por completo
correspondido» [XXXV].
Final redondo, por tanto, que sancionaban los dos últimos versos, que colocados ahí, en
el ultimísimo lugar del poemario, sonaban irremediablemente a epitafio. Al margen de ese
argumento postizo, la rima vuelve sobre el motivo de la mujer de piedra, que ha centrado
otras páginas becquerianas, como la leyenda El beso o la inacabada La mujer de
piedra, incluida en el Libro de los gorriones. La mujer de piedra, que recuerda
la fábula de Galatea y Pigmalión, es otro modo de mujer ideal e imposible, que a
diferencia de las de carne y hueso tal como dice el capitán de El beso
viene a ser como «beber hielo y besar nieve». Aquí, a su pura forma y belleza
impasibles se unen los valores de la bella durmiente y de la bella muerte, glosadas en
otras rimas que se han ido viendo. Por último, no se puede olvidar la relación inmediata
de este poema con el hermoso dibujo del manuscrito de Buenos Aires, que se comenta en su
lugar.
Testimonios
de la rima
LG, pp. 595-596. O1, II, pp. 318-319.
M = Autógrafo en el Museo Nacional de
Arte Decorativo de Buenos Aires, inventariado como MNAD 1459 (agradezco a su directora,
D.ª Silvia Mónica Galán, la copia que he manejado). Hay una excelente reproducción en
la edición bonaerense de las Rimas (Bécquer [1944]), que realizó
Rafael Alberti. Más reciente, hay una reproducción parcial en Montesinos [1977: 197 y 199]. Pageard [1972: 353 ss.] lo
describe minuciosamente. Se trata de un precioso manuscrito al que se le puede aplicar
cuanto señalábamos para el de la rima 71 (LXXIII). Como en él,
los versos se enredan con dibujos. En el anverso está el perfil esbozado de tres mujeres,
posiblemente «de piedra», a juzgar por su tocado. En el reverso, la mayor parte de la
hoja está ocupada por un laborioso dibujo de un sepulcro, con una figura femenina
yaciente. Es, claro está, «la gótica tumba» sobre la que parece dormir la hermosa
mujer de piedra que el poema canta. Hay después un busto tendido de mujer, figuras
embozadas, un hombre con casaca dieciochesca, etc. |
|
| NOTAS: 1. Bécquer, buen degustador de la
arquitectura medieval, usa con frecuencia el adjetivo «bizantino» como sinónimo de
«románico»: «Una larga fila de olmos, entre los que se elevan algunos cipreses, deja
ver en el fondo la iglesia bizantina, con su portada semicircular llena de |
|
extrañas
esculturas. Por la derecha se extiende la remendada tapia de un huerto, por encima de la
cual asoman las copas de los árboles, y a la izquierda se descubre el palacio abacial,
severo y majestuoso en medio de su sencillez» [Celda, 114]. Este uso, por otra
parte, estaba extendido en la época.  |
|
|
|
|
|
| Rimas
|
| Portada del CVC |
| Obras de referencia | Actos culturales | Foros | Aula de lengua | Oteador |
| Rinconete | El trujamán |
| Enviar comentarios |
Centro
Virtual Cervantes
© Instituto Cervantes (España), 2002-. Reservados todos los derechos.
|
|