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Te vi un punto, y
flotando ante mis ojos
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha oscura orlada en fuego
que flota y ciega si se mira al sol. |
5
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Adondequiera que la vista clavo [*]
torno a ver sus pupilas llamear,
mas no te encuentro a ti; que es tu mirada [*]
unos ojos, los tuyos; nada más. |
10
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De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir.
Cuando duermo los siento que se ciernen
de par en par abiertos sobre mí. |
15
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Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche
llevan al caminante a perecer;
yo me siento arrastrado por tus ojos,
pero a dónde me arrastran no lo sé. |
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LG, p. 594.
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Comentario temático de la rima En el relato «Un boceto del natural», que se comentó
aquí a propósito de la rima 65 (XXXIV), aparece un pasaje muy
semejante: «Bajé la mirada, pero aquellos dos ojos tan claros y tan grandes, desasidos
del rostro a que pertenecían, me pareció que se quedaban solos y flotando en el aire
ante mi vista, como después de mirar al sol se quedan flotando por largo tiempo unas
manchas de colores ribeteados de luz» [Boceto, 272]. Sebold [1991] ha señalado las
correspondencias con las fotografías de ojos «desasidos» del rostro, comunes en el
siglo XIX. Palomo [1977]
apunta la semejanza con los ojos verdes que, en la leyenda de ese título, arrastran al
protagonista al fondo de las aguas del lago. La calidad fantasmagórica de los fuegos
fatuos hace que su imagen reaparezca en muchos otros lugares de la obra de Bécquer: «Y
los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz
de las aguas infectas» [Ojos, 132]; «Los fuegos fatuos que cruzan como
exhalaciones sobre el haz de las lagunas» [Rayo, 149-150].
Testimonios de la rima
LG, p. 594. O1, II, p. 265. |