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5
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Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron. |
10
15
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La luz que en un vaso
ardía en el suelo
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos [1]
dibujarse rígida [*]
la forma del cuerpo. |
20
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Despertaba el día,
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio, [*]
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento: [*] |
25
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¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!! [*] |
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30
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De la casa en hombros
lleváronla al templo [*]
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros. |
35
40
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Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedose desierto. [*] |
45
50
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De un reloj [*] se oía
compasado el péndulo [*]
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba,
que pensé un momento: [*] |
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¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!! |
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55
60
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De la alta campana
la lengua de hierro [*]
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas, [*]
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo. [*] |
65
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Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo;
allí la acostaron,
tapiáronle luego
y con un saludo
despidióse el duelo. |
70
75
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La piqueta al hombro,
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto; [*]
perdido en las sombras
yo pensé un momento: [*] [*] |
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¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!! |
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80
85
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En las largas noches [*]
del helado invierno, [*]
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo. [*] |
90
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Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos!... [*]
..................................... |
95
100
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¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu [*]
podredumbre y cieno?
No sé, pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
a dejar tan tristes, [*]
tan solos los muertos! [*][*] |
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LG, p. 590.

LG, p. 591.
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LG, p. 592.
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LG, p. 593.
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LG, p. 594.
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Comentario temático de la rima Hoy puede parecernos una de las rimas
menos becquerianas, o si se prefiere, de las menos modernas, pero fue en su tiempo la que
sustentó la fama y hasta el prestigio de Bécquer entre los escritores coetáneos. Francisco de Laiglesia [1922] se
felicitaría porque «Marcelino Menéndez y Pelayo, la más alta representación del
pensamiento español en nuestro tiempo, le abriese las puertas de la inmortalidad
incluyendo dos de sus rimas en el tomo de las Cien mejores poesías líricas
escritas en castellano». Una de ellas era ésta, desde luego. Lo que no debía saber don
Francisco era la mala opinión privada que tenía don Marcelino del poeta Bécquer, que le
parecería, como a Núñez de Arce, excesivamente femenino. También despertó recelos en
los ambientes más conservadores la conclusión del poema, con la expresión de la duda
religiosa, nada rara en el poeta. Recuérdese la rima 25 (VIII):
«En el mar de la duda en que bogo / ni aun sé lo que creo». Díez Taboada [1965: 68-69] fue
el primero que destacó las semejanzas del poema con la escena final del Diablo mundo,
de Espronceda, que presenta el velatorio de una muchacha en el cuarto contiguo al
escenario de una orgía. Ese tono de romanticismo trasnochado era una de las claves de su
aceptación.
Testimonios
de la rima
LG, pp. 590-594. O1, II,
pp. 311-315.
M = Autógrafo de la rima, regalo de
Narciso Campillo a Carlos Peñaranda. Éste da noticia de él en su carta a Román García
Pereira, recogida como «Un autógrafo de Bécquer» en el extraordinario dedicado al
poeta por La Ilustración Artística, 261 (27 de diciembre, 1886), p. 370. Lo
publicó mucho más tarde su nieto, Enrique de Toral Peñaranda [1954].
Fotografías en Montesinos
[1977: 193 y 195]. Vid. también Juan Antonio Tamayo [1969]. El
interés del manuscrito va más allá del simple muestreo de variantes, pues permite
atisbar al poeta en pleno proceso creativo, lo que tratándose de Bécquer arrastra una
vertiente plástica insoslayable. Entre las columnas apretadas con versos titubeantes se
cuelan volutas, dibujos geométricos, la cabeza de un guerrero o una escena galante con
dos mujeres y un hombre. En la primera columna de la izquierda están anotados varios
consonantes: cortejo, duelo, deudos, lastimero, huecos, sepulturero, ecos, secos,
estrecho, reflejo, yerto, viejo, junto a algunos tachados, como la forma verbal volvieron. |
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| NOTAS: 1. Aunque la forma canónica de la
palabra sea intervalos, con acento en la penúltima sílaba, tanto la rima como
la medida del verso exigen leerla como esdrújula.  |
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