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Rimas, de Bécquer

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[65, XXXIV]

Abreviaturas utilizadas



Cruza callada, y son sus movimientos
silenciosa armonía.
Suenan sus pasos, y al sonar recuerdan
del himno alado la cadencia rítmica.


5


Los ojos entreabre, aquellos ojos
tan claros como el día,
y la tierra y el cielo, cuanto abarcan,
arden con nueva luz en sus pupilas.



10


Ríe, y su carcajada tiene notas
del agua fugitiva.
Llora, y es cada lágrima un poema
de ternura infinita.




15


Ella tiene la luz, tiene el perfume,
el color y la línea,
la forma, engendradora de deseos,
la expresión, fuente eterna de poesía.





20


¡Que es estúpida! ¡Bah! Mientras callando [*]
guarde oscuro el enigma,
siempre valdrá lo que yo creo que calla [*]
más que lo que cualquiera otra me diga.

LG, p. 586

LG, p. 586.

LG, p. 587

LG, p. 587.



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Comentario temático de la rima

Es inevitable asociar esta rima al relato titulado «Un boceto del natural», que a su vez sugiere intrigantes paralelismos con las hermanas Espín, Julia y Josefina. En el relato, el protagonista se enamora de los silencios y ensimismamientos de una prima de las hermanas Elena y Luisa, prima que se llama, precisamente, Julia. Delante de ella, todo le resulta mezquino y pobre: «¡Un himno al mar!, necio de mí; yo haber creído un momento que podía hacerse, que había palabras bastantes; pero no. El verdadero himno, el verbo de la poesía hecho carne, era aquella mujer inmóvil y silenciosa cuya mirada no se detenía en ningún accidente, cuyos pensamientos no debían caber dentro de ninguna forma, cuya pupila abarcaba el horizonte entero y absorbía toda la luz y volvía a reflejarla. Hasta que las vi unas enfrente de otras, no se me revelaron en toda su majestad aquellas tres inmensidades: el mar, el cielo y las pupilas sin fondo de Julia» [Boceto, 279]. Luisa le habrá de advertir: «No se enamore usted de esa mujer, no se enamore usted, porque...». Bécquer suspende la explicación de esa advertencia, con buen sentido narrativo, hasta varias líneas más abajo: «Porque es tonta» [280]. La anécdota amorosa no disminuye, sin embargo, la lectura metapoética que se desprende del poema: la forma, la expresión, la belleza plástica —diríamos con la rima 42 (III)— son fuente a su vez de poesía. Ya hemos visto la confluencia de la mujer con el poema, la expresión concreta y material de la poesía, en rimas como la 17 (LIX). Y no sólo eso. También sabe el poeta que callando se puede expresar más y más hondo que diciendo: es lo intuido o sugerido, aquello que despierta «con una que las toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía» [Soledad]. Ideas semejantes resuenan en su artículo «Las dos olas», dedicado al pintor amigo Casado del Alisal: «¿Hay nada que sea manantial de ideas y sentimientos más inagotables que lo simplemente bello? Digo simplemente bello, digo mal, lo que es bello lo es todo a la vez. Cuando admiro el retrato de una mujer hermosa hecho por Van Dyck, nunca pregunto: ¿Guardará semejanza con el original? ¿Qué me importa? Es semejante a esas mujeres que no he visto, pero que he soñado, y ya me recuerdan una imagen querida» [Olas, 1029].

Testimonios de la rima

LG, pp. 586-587. O1, II, p. 281.

 
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