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Cruza callada, y son sus movimientos
silenciosa armonía.
Suenan sus pasos, y al sonar recuerdan
del himno alado la cadencia rítmica. |
5
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Los ojos entreabre, aquellos ojos
tan claros como el día,
y la tierra y el cielo, cuanto abarcan,
arden con nueva luz en sus pupilas. |
10
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Ríe, y su carcajada tiene notas
del agua fugitiva.
Llora, y es cada lágrima un poema
de ternura infinita. |
15
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Ella tiene la luz, tiene el perfume,
el color y la línea,
la forma, engendradora de deseos,
la expresión, fuente eterna de poesía. |
20
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¡Que es estúpida! ¡Bah! Mientras callando [*]
guarde oscuro el enigma,
siempre valdrá lo que yo creo que calla [*]
más que lo que cualquiera otra me diga. |
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LG, p. 586.
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LG, p. 587. |
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Comentario temático de la rima Es inevitable asociar esta rima al
relato titulado «Un boceto del natural», que a su vez sugiere intrigantes paralelismos
con las hermanas Espín, Julia y Josefina. En el relato, el protagonista se enamora de los
silencios y ensimismamientos de una prima de las hermanas Elena y Luisa, prima que se
llama, precisamente, Julia. Delante de ella, todo le resulta mezquino y pobre: «¡Un
himno al mar!, necio de mí; yo haber creído un momento que podía hacerse, que había
palabras bastantes; pero no. El verdadero himno, el verbo de la poesía hecho carne, era
aquella mujer inmóvil y silenciosa cuya mirada no se detenía en ningún accidente, cuyos
pensamientos no debían caber dentro de ninguna forma, cuya pupila abarcaba el horizonte
entero y absorbía toda la luz y volvía a reflejarla. Hasta que las vi unas enfrente de
otras, no se me revelaron en toda su majestad aquellas tres inmensidades: el mar, el cielo
y las pupilas sin fondo de Julia» [Boceto, 279]. Luisa le habrá de advertir: «No
se enamore usted de esa mujer, no se enamore usted, porque...». Bécquer suspende la
explicación de esa advertencia, con buen sentido narrativo, hasta varias líneas más
abajo: «Porque es tonta» [280]. La anécdota amorosa no disminuye, sin embargo, la
lectura metapoética que se desprende del poema: la forma, la expresión, la belleza
plástica diríamos con la rima 42 (III) son fuente a
su vez de poesía. Ya hemos visto la confluencia de la mujer con el poema, la expresión
concreta y material de la poesía, en rimas como la 17 (LIX). Y
no sólo eso. También sabe el poeta que callando se puede expresar más y más hondo que
diciendo: es lo intuido o sugerido, aquello que despierta «con una que las toca, las mil
ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía» [Soledad]. Ideas
semejantes resuenan en su artículo «Las dos olas», dedicado al pintor amigo Casado del
Alisal: «¿Hay nada que sea manantial de ideas y sentimientos más inagotables que lo
simplemente bello? Digo simplemente bello, digo mal, lo que es bello lo es todo a la vez.
Cuando admiro el retrato de una mujer hermosa hecho por Van Dyck, nunca pregunto:
¿Guardará semejanza con el original? ¿Qué me importa? Es semejante a esas mujeres que
no he visto, pero que he soñado, y ya me recuerdan una imagen querida» [Olas,
1029].
Testimonios
de la rima
LG, pp. 586-587. O1, II, p. 281. |