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Comentario temático de la rima El lector debe consultar el comentario
de López Estrada [1973]
para profundizar en esta hermosa rima, que vuelve sobre el motivo de la mujer ideal e
inalcanzable. Son evidentes sus contactos con la leyenda de El rayo de luna, en la
que, como se recordará, el protagonista se enamora de una mujer entrevista en la noche y
que al final resultará ser un simple reflejo, un rayo de luna. La inasibilidad del tú es
un factor esencial de la erótica becqueriana, que suele preferir el campo de las brumas o
de los velos tenues para articular las imágenes correspondientes, como ya se vio en 31 (XXV). Recordemos este momento de Tres fechas: «¿No
habéis visto nunca en esos últimos instantes del crepúsculo de la noche levantarse de
las aguas de un río, del haz de un pantano, de las olas del mar o de la profunda sima de
una montaña un jirón de niebla que flota lentamente en el vacío y, alternativamente, ya
parece una mujer que se mueve y anda y vuela su traje al andar, ya un velo blanco prendido
a la cabellera de alguna silfa invisible, ya un fantasma que se eleva en el aire,
cubriendo sus huesos amarillos con un sudario sobre el que se cree ver dibujarse sus
formas angulosas?» [Fechas, 197]. El yo, por su parte, nos remite al ámbito del
destino incierto, tema que se repite en rimas como la 20 (LVI) o 67 (LXVI). Pero como vamos viendo, el erotismo alcanza casi siempre
en Bécquer una dimensión metapoética, pues también hay un deseo del poema, de la forma
final, material. Tenemos así perfectamente trabados en el poema, mediante el típico
esquema dialógico, el erotismo, el deseo insatisfecho y la búsqueda de la expresión.
Ese tú es una mujer deseada por un yo amante, y si su constitución es simbólica y
evanescente llama, sonido, niebla, a lo largo del poema ambos van creciendo en
simbolismo hasta desbordar el marco erótico: el yo es «ansia perpetua de algo mejor»,
el tú se hace entonces «la hija ardiente / de una visión».
En cuanto a los contactos
literarios, Díez Taboada [1965:
17-34] ha señalado evidentes semejanzas con un poema de Eulogio Florentino Sanz
titulado «Tú, Él y Yo. Traducida del alemán», publicado en 1860, y con elementos de El
estudiante de Salamanca, de Espronceda, entre otros. Véase también Pageard [1972: 50-64].
Testimonios
de la rima
LG, pp. 579-580. O1, II, p. 266.
M1 = Manuscrito autógrafo publicado
en La Ilustración Artística (Barcelona), 261 (27 de diciembre, 1886), p. 327.
Está firmado «G. A. Bécquer». Se trata de un número dedicado íntegramente a
Bécquer, en el cincuentenario de su nacimiento. En la publicación, el autógrafo aparece
enmarcado por un dibujo de tres gorriones, entre decoración de flores, realizado por
Rico. Reaparece en el número 684 (4 de febrero, 1895), p. 115, ahora sin orla. Mucho
después, lo volvemos a encontrar con la misma orla en López Núñez [1915] y en José Andrés Vázquez [1929],
quienes muy probablemente lo copian de la primera publicación. Hay una reproducción
fotográfica en Montesinos
[1977: 184]. Según Pageard
[1972: 47-48], este manuscrito sería la base probable de E1.
M2 = Autógrafo en el Archivo
Municipal de Sevilla, Colección Autógrafos, doc. 1. Firmado «Gustavo Adolfo Bécquer».
Reproducción fotográfica en López
Estrada [1982].
E1 = El Correo de la Moda. Álbum
de Señoritas, 375 (24 de octubre, 1860), p. 307. Lleva el título «Tú y yo», y en
tipo más pequeño, bajo el anterior, «Melodía».
E2 = El Museo Literario
(Valencia), segunda época, II, 14 (6 de noviembre, 1864), p. 111, bajo el título
simplificado «Tú y yo», en la sección «Poesías».
E3 = Diario de Alcoy, 119
(23 de julio, 1865), con el título «Tú y yo». Como ya se ha indicado, esta
publicación la dirigía Augusto Ferrán. Sigue la lectura de E2, según su descubridor, Jesús Costa [1994].
E4 = El Museo Universal, 9 (4
de marzo, 1866), p. 71, como «Tú y yo». |