|
|
Como la brisa que la sangre orea
sobre el oscuro campo de batalla,
cargada de perfumes y armonías,
en el silencio de la noche vaga; |
5
|
símbolo del dolor y la ternura,
del bardo inglés en el horrible drama,
la dulce Ofelia, la razón perdida,
cogiendo flores y cantando pasa. |
|

LG, p. 576.
|
|
|
Comentario temático de la rima El interés de Gustavo Adolfo Bécquer
por todo lo relacionado con Hamlet, personaje que había adquirido una indudable aureola
romántica, y que aun antes había cautivado a los ilustrados, es bien visible en otros
lugares de su obra. Entre sus autógrafos juveniles, por ejemplo, tenemos una versión muy
libre de la tragedia. La «dulce Ofelia», por su parte, enlaza bien con ese ideal amoroso
que se expresa en las Rimas, por su carácter de «símbolo del dolor y la
ternura». En este poema, sin embargo, se añade una expresión plástica que se desvela
en un testimonio del propio Gustavo, aportado por José de Castro y Serrano, que no sólo
explica la génesis del poema, sino que, más allá de él, ilumina la colaboración
artística entre ambos hermanos:
Habíale encargado el Sr. Cueto (D.
Leopoldo Augusto) que le pintase seis lienzos con seis alegorías de los seis teatros
primeros del mundo. Una de las obras a que daba más prisa era la representación de Ofelia.
Mi hermano corrió a verme, y me dijo: ¿Quién es Ofelia? Yo entonces tomé la pluma,
como acostumbraba en casos semejantes, porque él me dibujaba mis versos y yo le
versificaba sus cuadros, tomé la pluma y dije: «Como la brisa que la sangre orea
[...]». Valeriano (continuó) hizo por impregnarse del espíritu de estos versos, lo cual
le era familiar; y poco tiempo después Cueto recibía a la dulce Ofelia de Shakespeare,
como si el autor hubiese tenido dentro del alma las imágenes del gran poeta. Él, sin
embargo, no leyó el Hamlet sino mucho tiempo más tarde [apud Sebold (ed.), 1982: 22-23].
Testimonios de la rima
LG,
p. 576. O1, II, p. 256. |