|
|
La bocca mi baccio tutto tremante...
|
5
10
15
20
25
|
Sobre la falda tenía
el libro abierto,
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros:
no veíamos las letras
ninguno, creo,
mas guardábamos ambos [*]
hondo silencio.
¿Cuánto duró? Ni aun entonces
pude saberlo.
Sólo sé que no se oía
más que el aliento,
que apresurado escapaba
del labio seco.
Solo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo,
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso. [*]
....................................... .......................................
Creación de Dante era el libro,
era su Infierno.
Cuando a él bajamos los ojos,
yo dije trémulo:
¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?
Y ella respondió encendida:
¡Ya lo comprendo! |
|

LG, p. 574.
|
|
|
Comentario temático de la rima El epígrafe, que O1 omite, procede del Inferno
de Dante (canto V, v. 136). En este pasaje, Francesca da Rimini relata al poeta cómo su
enamorado Paolo Malatesta la besó cuando ambos estaban leyendo una escena semejante en el
Lanzarote del Lago, aquella en que Lanzarote besa a Ginebra. Inmediatamente
después de leerla, ambos serían muertos por Lanciotto Malatesta, marido de ella y
hermano de Paolo: «Quel giorno più non vi leggemmo avante» (v. 138). Vid. Andrés Soria [1965]. La
supresión del epígrafe por los editores amputaba una dimensión esencial del texto, ese
juego de espejos donde los sucesivos amantes encuentran la ocasión para el beso. Los
enamorados de la rima becqueriana son el último o penúltimo giro de tuerca
sobre el motivo erótico. Por otra parte, comprobamos de nuevo esa ligazón entre la
sensorialidad más fina y la reflexión metapoética, que aquí tiene más de un contacto
con el arranque de las Cartas literarias a una mujer. El lector siente cómo el
aliento se desliza entre los labios secos, al borde del beso. El lector, igualmente,
compartirá así la creencia expresada en la rima 39 (IV):
«mientras responda el labio suspirando / al labio que suspira, / mientras sentirse puedan
en un beso / dos almas confundidas, / mientras exista una mujer hermosa, / ¡habrá
poesía!».
Testimonios
de la rima
LG, p. 574. O1, II, p. 278. |