|
|
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán. |
5 |
Pero aquéllas que el [*] vuelo
refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar, [*]
aquéllas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán! |
10 |
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aun más hermosas
sus flores se abrirán. |
15
|
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán! |
20 |
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará. |
|
Pero mudo y absorto y de rodillas, [*]
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
nadie así te amará. [*] |
|

LG, p. 563.
|
|
|
Comentario temático de la rima La imagen de las golondrinas, de estas
precisas golondrinas, va asociada irremediablemente a Bécquer, prueba del éxito que el
poema tuvo durante generaciones. Y visto así, es tanto más llamativo que el autor no lo
hubiese publicado en vida. Estamos ante una rima amorosa, pero de amor desengañado. La
construcción del poema se basa en el paralelismo de dos series alternas, una afirmativa y
otra negativa: volverán / pero... no volverán. En última instancia, el tema
amoroso desemboca en una reflexión sobre el tiempo y sus estragos. La naturaleza es
cíclica y todo vuelve, vuelven las golondrinas, vuelven las madreselvas..., pero aquellas
golondrinas vividas, las concretas, las asociadas a nuestra experiencia, «ésas... ¡no
volverán!» Así, cada regreso trae un nuevo desengaño. De igual manera, los versos
vuelven sobre sí mismos en esa estructura paralelística. Véanse los comentarios de Terracini [1971] y de Belic [1969].
Testimonios
de la rima
LG, p. 563. O1, II, p. 294. |