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Dejé la luz a un lado, y en el
borde [*]
de la revuelta cama me senté,
mudo, sombrío, la pupila inmóvil
clavada en la pared. |
5
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¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme
la embriaguez horrible de dolor, [*]
expiraba la luz y en mis balcones
reía el sol. |
10 |
Ni sé tampoco en tan terribles horas
en qué pensaba o qué pasó por mí;
sólo recuerdo que lloré y maldije
y que en aquella noche envejecí. [*]
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LG, p. 561.
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Comentario temático de la rima Los editores de 1877 quisieron colocar esta rima a
continuación de la 16 (XLII), conscientes de su similitud, pero
amortiguando así su efecto, como también su indudable efectismo. Como aquélla, ésta es
una estampa dramática que entra por los ojos: una noticia de la que nada se sabe, el
sujeto sentado en la cama revuelta, la luz lateral proyectando un efecto tenebrista, la
luz del día al final...
Testimonios
de la rima
LG,
p. 561. O1, II, p. 288. |