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Este armazón de huesos y pellejo [*]
de pasear una cabeza loca
se halla cansado al fin y no lo extraño, [*]
pues aunque es la verdad que no soy viejo, [*]
de la parte de vida que me toca
en la vida del mundo, por mi daño
he hecho un uso tal, que juraría
que he condensado un siglo en cada día. |
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Así, aunque ahora muriera,
no podría decir que no he vivido;
que el sayo [1] al parecer nuevo por fuera,
conozco que por dentro ha envejecido. |
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Ha envejecido, sí ¡pese a mi estrella!,
harto lo dice ya mi afán doliente;
que hay dolor que al pasar, su horrible huella
graba en el corazón, si no en la frente. |
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LG, p. 559.
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Testimonios de la rima LG, p. 559. O1, II, p. 297. |
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| NOTAS: |
1. Sayo: «Casaca larga hueca y sin botones.
|| fam. Cualquier vestido» (DRAE, 1869). |
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