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Rimas, de Bécquer

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[31, XXV]

Abreviaturas utilizadas







5




10

Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul [1] del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto poseo, [*]
la luz, el aire
y el pensamiento! [*]




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Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
diera, alma mía,
cuanto deseo,
la fama, el oro,
la gloria, el genio! [*]


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35


Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento,
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo. [*]

LG, pp. 556-559

LG, p. 556.



LG, p. 559.



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Comentario temático de la rima

El poema señala tres momentos ideales de la interlocutora femenina, marcados por el paralelismo abierto por la conjunción temporal «cuando», en progresión intensiva. Primero es la mujer dormida, que tanto juego dará en el simbolismo literario y pictórico, y que en la rima 63 (XXVII) representa el estado de más pura belleza e ideal, hasta el punto de temer la llegada de la luz. Después, es la mujer ensimismada y como ausente, que tiene su modelo en 17 (LIX), con aquella mujer que es todo sentimiento y en cuyos «senos misteriosos / de tu alma de mujer» sabe penetrar el poeta. Finalmente está la entregada al amor físico y a su propio placer, como la morena ardiente de 51 (XI), entre otras. Son, a fin de cuentas, tres formas de distanciamiento respecto del sujeto masculino, quien sin embargo ofrece —también en progresión— cada vez más: cuanto posee —luz, aire, pensamiento—, cuanto desea en esta vida y cuanto espera en el más allá.

Las imágenes asociadas a cada uno de esos estados son también extremadamente coherentes. En la mujer dormida, encontramos «las alas de tul del sueño». El tul, como el cendal de la rima 60 (XV) y como otras telas que permiten velar la visión sin ocultarla, se asocia en Bécquer al ámbito célico de las brumas, o como en este caso, del sueño: «El Sueño tiende las alas de tul y abandona la selva donde vive, en un alcázar de ébano escondido entre la flotante sombra de los aloes» [Caudillo, 61].

La mujer ensimismada es mujer-poema, e igual que ahora desea «leer sobre tu frente / el callado pensamiento», presumía en 17 (LIX): «como en un libro, puedo lo que callas / en tu frente leer».

La tercera imagen nos lleva a la serie de las mujeres volcánicas, como la Marta de El Gnomo: «Marta tenía los ojos más negros que la noche, y de entre sus oscuras pestañas diríase que a intervalos saltaban chispas de fuego como de un carbón ardiente» [Gnomo, 205].

Testimonios de la rima

LG, pp. 556-559. O1, II, pp. 272-273. La numeración salta en LG un folio entero, aunque hay perfecta continuidad entre 556 v. y 559 r., que comienza en v. 29.

 
NOTAS:

1. Tul: «Tejido de punto, hecho con seda, algodón o hilo, que forma una tela de calados continuos octaedros. La usan mujeres para bordar sobre ella, o para mantillas, velos y otras cosas.» (DRAE, 1869). Arriba


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