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Las ropas desceñidas,
desnudas las espadas,
en el dintel [1] de oro de la puerta
dos ángeles velaban. |
5
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Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada,
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca. |
10
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La vi como la imagen
que en leve ensueño pasa,
como rayo de luz tenue y difuso [*]
que entre tinieblas nada. |
15
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Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma.
Como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba. [*] |
20 |
Mas ¡ay! que de los ángeles
parecían decirme las miradas:
El umbral de esta puerta
sólo Dios lo traspasa. [*] |
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LG, p. 551.
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Comentario temático de la rima Se trata de una variación más sobre el motivo de la
novicia, que es central en el relato Tres fechas y apuntaba ya en la rima 9 (LV), que hemos visto. Aparecerá de nuevo en la rima 59 (LXX), que lo trata por extenso, en una ambientación de
sabor hondamente toledano. La mujer imposible de alcanzar, y por ello más deseable,
recorre toda la obra becqueriana, tanto en prosa como en verso. Piénsese en la leyenda El
rayo de luna, que parece resonar en el verso 11 de este poema: «En el fondo de la
sombría alameda había visto agitarse una cosa blanca que flotó un momento y
desapareció en la oscuridad» [Rayo, 152].
Testimonios
de la rima
LG, p. 551. O1, II, p. 316. |