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Hoy como ayer, mañana como hoy,
¡y siempre igual! [1]
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar... andar. [*] |
5
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Moviéndose a compás como una estúpida
máquina el corazón:
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón. |
10 |
El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué. [*] |
15
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Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae sin cesar. [*] |
| 20 |
Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer... y todos ellos
sin gozo ni dolor. [*] |
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¡Ay, a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir! [*]
¡Amargo es el dolor, pero siquiera
padecer es vivir! |
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LG, p. 548.
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LG, p. 549.
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Comentario temático de la rima La añoranza de la herida, pues todavía padecer es una
forma de sentirse vivo, anticipa una idea semejante en Rosalía de Castro y en Antonio
Machado, como ya señaló Rafael
Lapesa [1967]. En el poema XI de Soledades. Galerías. Otros poemas [Madrid:
Cátedra, 1983: 99] se insertan estos cuatro versos: «En el corazón tenía / la espina
de una pasión; / logré arrancármela un día: / ya no siento el corazón». El corazón
como máquina reaparece en 44 (LXXVII), uno de los poemas
desaparecidos de la prínceps. Con todo ello, en la presente rima el sujeto se presenta
como inerte, semejante a aquellos «cometa errante u ola sin playas» de la rima 60 (XV).
En cuanto a los contactos
intertextuales, Díez Taboada
[1965: 137] ha señalado la influencia del poema de Tomás Aguiló «Orillas del mar»
(1849), que afectaría también a la rima 67 (LXVI).
Testimonios
de la rima
LG, pp. 548-549. O1, II, p. 296. |
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| NOTAS: |
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1. «Tal es mi vida; hoy como ayer,
probablemente mañana como hoy»
[Pavo, 327].  |
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