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Entre el discorde estruendo de la
orgía
acarició mi oído,
como nota de música lejana, [*]
el eco de un suspiro. |
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El eco de un suspiro que conozco,
formado de un aliento que he bebido,
perfume de una flor que oculta crece
en un claustro sombrío. |
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Mi adorada de un día, cariñosa,
¿En qué piensas? me dijo.
En nada... En nada ¿y lloras? Es que tengo
alegre la tristeza y triste el vino. |
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LG, p. 542.
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Comentario temático de la rima Es frecuente en la poesía romántica el motivo de la
orgía. Recuérdese, por ejemplo, «A Jarifa en una orgía», de Espronceda, que resume
buena parte de sus notas. También en Espronceda, concretamente en El diablo mundo,
tenemos una escena de orgía que se desarrolla junto al velatorio de una joven muerta. Y
en la misma línea de contrastes, el Tenorio de Zorrilla se la juega por una monja. En
este contexto puede entenderse mejor la escena becqueriana. Sin embargo, el protagonista
del poema no es Tenorio ni Montemar, sino el mismo soñador que recorre Toledo en Tres
fechas para asistir a la entrada en el convento de una mujer hermosa: «Algún día,
en esa hora misteriosa del crepúsculo, cuando el suspiro de la brisa de primavera, tibio
y cargado de aromas, penetra hasta en el fondo de los más apartados retiros, llevando
allí como una ráfaga de recuerdos del mundo, sola, perdida en la penumbra de un claustro
gótico, la mano en la mejilla, el codo apoyado en el alféizar de una ojiva, ¿habrá
exhalado un suspiro alguna mujer al cruzar su imaginación la memoria de estas fechas?
¡Quién sabe!» [Fechas, 201].
Testimonios de la rima
LG,
p. 542. O1, II, p. 295. |